24/04/2025
La rutina matutina en el ajetreado barrio de Retiro se vio abruptamente interrumpida por una escena de pesadilla: disparos, corridas y una sensación generalizada de terror. Lejos de ser un enfrentamiento entre bandas o un operativo policial tradicional, lo ocurrido el pasado martes a las 7:30 de la mañana fue un evento inesperado y profundamente perturbador. Una persona en situación de calle, aprovechando un descuido, arrebató el arma reglamentaria a un oficial de policía y comenzó a disparar indiscriminadamente, desatando el pánico en una de las zonas más transitadas de Buenos Aires. La secuencia, captada por las cámaras de seguridad, mostró la cruda realidad de un momento de extrema tensión y la valentía de quienes, arriesgando sus vidas, lograron poner fin a la tragedia.

El Inicio del Caos en un Punto Neurálgico
El epicentro de este dramático suceso fue la intersección de Ramos Mejía y una de las calles de acceso a la Villa 31, a escasos metros de la terminal del Ferrocarril San Martín. Era la hora pico, un momento en que miles de personas transitan la zona para dirigirse a sus trabajos o destinos. La jornada comenzó con una aparente normalidad: dos mujeres se acercaron a un oficial de la comisaría 1A de la Policía de la Ciudad para hacerle una consulta. Fue en ese preciso instante, cuando la atención del agente estaba dividida, que el agresor, identificado posteriormente como Jonathan Eduardo Mosqueda, de 31 años, se aproximó furtivamente. En un movimiento rápido y sorpresivo, Mosqueda abrazó al oficial y, aprovechando la cercanía, le manoteó la pistola de 9 milímetros que portaba en su cartuchera.
A pesar del forcejeo inmediato, el atacante logró escapar con el arma, iniciando una persecución a pie que sembraría el caos. El policía, consciente de la gravedad de la situación, comenzó a correr detrás de Mosqueda mientras modulaba por radio para solicitar apoyo urgente. En los primeros segundos de la huida, Mosqueda intentó disparar contra el oficial que lo perseguía, pero, afortunadamente, no lo consiguió. Durante el forcejeo inicial, el agente había logrado activar el seguro del arma, impidiendo que saliera cualquier proyectil. La tensión se incrementaba con cada paso, mientras el agresor apuntaba y gatillaba, sin lograr su objetivo, pero manteniendo en vilo a los pocos transeúntes que comenzaban a percatarse de la situación.
Una Balacera Descontrolada en Plena Vía Pública
La llegada de refuerzos policiales no se hizo esperar. Rápidamente, otros oficiales de la Dirección de Intervención Rápida (DIR) de la Policía de la Ciudad y una agente de la Policía Federal de la División Ferrocarril San Martín acudieron al llamado de auxilio. Al encontrarse con Mosqueda, los agentes le dieron la voz de alto, exigiéndole que se entregara. Sin embargo, lejos de deponer su actitud, el hombre, visiblemente alterado, persistió en su intento de disparar y, en un momento crítico, logró quitarle el seguro a la pistola. Fue entonces cuando la situación escaló a una balacera descontrolada.
Los disparos comenzaron a resonar en la calle, generando un terror generalizado. Mosqueda disparaba sin dirección aparente, poniendo en grave riesgo a cualquier persona en las inmediaciones. Los agentes, en respuesta a la agresión directa y para neutralizar la amenaza, también respondieron al fuego. En medio de este intercambio de disparos, un agente de la fuerza porteña que había acudido en apoyo recibió un balazo en su tobillo derecho, mientras que la oficial de la PFA resultó herida en su mano derecha. El atacante, Jonathan Eduardo Mosqueda, fue alcanzado por un proyectil en la zona del estómago, pero incluso después de caer al piso, su agresividad no cesó, continuando con los disparos descontrolados. Un ciclista, Celso Cuba Méndez, de 24 años y nacionalidad paraguaya, que justo pasaba por el lugar, fue rozado por una bala en uno de sus pies, sumándose a la lista de heridos. Además, varios vehículos estacionados fueron impactados por los proyectiles, dejando evidencia de la intensidad del tiroteo. La ausencia de víctimas fatales, dada la magnitud y el horario del incidente en una zona de alto tránsito, fue calificada por muchos como un auténtico milagro.
El Perfil del Agresor y sus Antecedentes
Jonathan Eduardo Mosqueda, el hombre que sembró el terror en Retiro, fue rápidamente identificado por las autoridades. Con domicilio en Ciudadela, partido de Tres de Febrero, Mosqueda no era un desconocido para el sistema judicial. Se supo que pesaba sobre él una orden de internación del Juzgado de Familia N° 3 de San Martín, que databa del año 2016. Esta información sugiere un historial de problemas psiquiátricos, lo que añade una capa de complejidad al incidente y plantea interrogantes sobre el seguimiento de estas órdenes judiciales y la intervención en casos de salud mental.
Testimonios de vecinos y trabajadores de la zona, como Juan, un barrendero que presenció el tiroteo, corroboraron la naturaleza conflictiva de Mosqueda. Según Juan, el agresor había estado en la zona de Retiro durante varios días y la policía había recibido llamadas previas debido a que molestaba a comerciantes y feriantes. Los agentes le pedían que se tranquilizara y que se alejara del lugar, pero, al no estar cometiendo ningún delito flagrante en ese momento, no podían llevarlo demorado. Este detalle resalta la dificultad que enfrentan las fuerzas de seguridad para intervenir preventivamente en situaciones donde la alteración de una persona no encaja estrictamente en un delito penal, a pesar de representar un potencial riesgo. El barrendero describió a Mosqueda como un hombre en situación de calle "conflictivo" y "agresivo", que "siempre hace problema", llegando incluso a andar "desnudo" o "con una frazada pidiendo plata", y que "siempre anda con una madera" y es "agresivo". Estas descripciones pintan el cuadro de una persona con un comportamiento errático y potencialmente peligroso, cuya situación no había encontrado una solución adecuada antes de la explosión de violencia.

Las Consecuencias Inmediatas y la Investigación
Una vez reducido y detenido, Jonathan Eduardo Mosqueda fue asistido por una ambulancia del SAME debido al balazo que recibió en el abdomen y trasladado de urgencia al Hospital Fernández. Los agentes heridos, por su parte, fueron derivados al Hospital Churruca, donde se informó que se encontraban fuera de peligro. El ciclista, Celso Cuba Méndez, también recibió atención médica en el Hospital Fernández por la herida superficial en su pie.
Dada la intervención de oficiales tanto de la Policía de la Ciudad como de la Policía Federal en el suceso, la jueza Paula Petazzi, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 11, ordenó que las pericias quedaran a cargo de Gendarmería Nacional para garantizar la imparcialidad en la investigación. En la escena del tiroteo, los peritos contabilizaron 24 casquillos de bala, un testimonio mudo de la intensidad del enfrentamiento. Ahora, la tarea de Gendarmería es determinar de qué armas salió cada disparo, un proceso crucial para reconstruir con exactitud lo sucedido y determinar responsabilidades.
La investigación también abordó una hipótesis inicial que se manejó: si las dos mujeres que consultaron al oficial antes del incidente lo hicieron con la intención de distraerlo para que Mosqueda le robara el arma. Sin embargo, las pesquisas posteriores y las declaraciones permitieron comprobar que no existía tal conspiración, descartando esta línea de investigación.
Un Patrón Preocupante: La Salud Mental y la Seguridad Pública
Este trágico episodio en Retiro no es un hecho aislado y vuelve a encender las señales de alerta sobre la interacción entre individuos con problemas psiquiátricos y las fuerzas de seguridad, así como la seguridad pública en general. Lamentablemente, en los últimos tiempos se han registrado varios incidentes similares en el país, muchos de ellos con desenlaces fatales. Hace apenas un mes, el 28 de septiembre, el oficial inspector de la PFA Juan Pablo Roldán, de 33 años, fue asesinado de una puñalada frente al Malba por una persona con problemas psiquiátricos, Rodrigo Roza, quien también falleció tras ser abatido. En abril, en Puerto Deseado, Santa Cruz, el prefecto Ricardo Soto, de 34 años, fue asesinado de un balazo por un joven "alterado" que salió de su casa; el atacante también murió en el tiroteo. Y en agosto, un militar ucraniano denunciado por violencia de género disparó a un oficial de la Policía de la Ciudad en San Telmo y se atrincheró en su domicilio. Estos casos, sumados al de Retiro, dibujan un patrón preocupante que exige una revisión profunda de los protocolos de actuación policial, la coordinación entre las instituciones de seguridad y las de salud mental, y las políticas públicas destinadas a abordar estas complejas situaciones.
La dificultad de abordar a individuos con problemas de salud mental que, sin cometer un delito flagrante, exhiben comportamientos agresivos o erráticos, es un desafío constante para la policía. La ley a menudo limita la capacidad de los agentes para intervenir o demorar a estas personas si no hay un delito en curso, lo que puede llevar a situaciones como la de Mosqueda, donde una escalada de violencia se vuelve inevitable. Este incidente subraya la necesidad de un enfoque multidisciplinario que involucre no solo a las fuerzas de seguridad, sino también a profesionales de la salud mental, asistentes sociales y la comunidad en general, para identificar y asistir a tiempo a estas personas, evitando que situaciones de riesgo latente deriven en tragedias.
Preguntas Frecuentes sobre el Incidente de Retiro
- ¿Quién fue el agresor en el tiroteo de Retiro?
El agresor fue identificado como Jonathan Eduardo Mosqueda, de 31 años, con domicilio en Ciudadela y con antecedentes de una orden de internación por problemas psiquiátricos desde 2016. - ¿Cuántas personas resultaron heridas?
Cuatro personas resultaron heridas: dos policías (uno en el tobillo y otro en la mano), un ciclista (rozado por una bala en el pie) y el propio agresor (con un balazo en el abdomen). - ¿Cómo logró el agresor obtener el arma?
Mosqueda le arrebató la pistola reglamentaria a un oficial de la Policía de la Ciudad mientras este era consultado por dos mujeres, aprovechando un momento de distracción. - ¿Por qué no hubo muertos, a pesar de la balacera?
Fue un milagro, dadas las circunstancias y la cantidad de disparos (se encontraron 24 casquillos). Inicialmente, el arma tenía el seguro puesto, lo que evitó disparos inmediatos, y la rápida y valiente acción de los policías al reducir al agresor fue crucial. - ¿Qué cuerpo de seguridad está a cargo de la investigación?
La Gendarmería Nacional está a cargo de las pericias, por orden de la jueza, debido a que el incidente involucró a oficiales de la Policía de la Ciudad y la Policía Federal. - ¿Había antecedentes de comportamiento problemático por parte del agresor?
Sí, testigos y fuentes policiales confirmaron que Mosqueda había estado molestando a comerciantes y feriantes en la zona durante varios días, aunque no había cometido delitos que justificaran su detención previa.
El tiroteo en Retiro deja una profunda huella y plantea interrogantes urgentes sobre la efectividad de las medidas preventivas y la respuesta ante situaciones de crisis que involucran a personas con problemas de salud mental en espacios públicos. Es un recordatorio sombrío de la fragilidad de la seguridad urbana y la necesidad imperante de políticas integrales que aborden no solo la contención del delito, sino también las causas subyacentes de la violencia, incluyendo la atención y el seguimiento de personas vulnerables.
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