El Conquistador: Una Aventura que Desafía la Historia

11/04/2022

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En el vasto universo de la literatura, algunas obras no solo entretienen, sino que también nos invitan a reconsiderar narrativas establecidas. Tal es el caso de 'El Conquistador', la aclamada novela de Federico Andahazi, galardonada con el Premio Planeta 2006. Esta obra, que se sumerge en las profundidades de leyendas y creencias ancestrales de México, propone una audaz relectura de la historia: ¿Qué hubiera pasado si un mexica hubiera llegado a Europa antes que los españoles al Nuevo Mundo? A través de la figura de Quetza, un joven valiente y perspicaz, Andahazi no solo teje una trama de aventuras, sino que también nos confronta con la persistencia de la memoria, la complejidad de las identidades culturales y la eterna lucha por la comprensión entre civilizaciones.

¿Cómo se lee el libro El conquistador?
El Conquistador se lee como un libro juvenil, de aventuras. Cuenta, a partir de historias, creencias y leyendas aborígenes de México, que hubo un mexica que se anticipó a Colón, y que conquistó Europa antes de que los españoles llegaran al Nuevo Mundo. En el Viejo Continente encontró bárbaros guerreros, peores que los de su propio mundo.

Desde sus primeras páginas, 'El Conquistador' se revela como una novela de corte juvenil y de aventuras, diseñada para atrapar al lector con un ritmo vibrante y una trama llena de descubrimientos. La narrativa nos transporta a un mundo donde las antiguas historias y leyendas aborígenes de México cobran vida, alimentando la premisa central: la existencia de un mexica que, anticipándose a Cristóbal Colón, navegó hacia el Viejo Continente. En Europa, Quetza se topa con una realidad que desafía sus propias concepciones de lo salvaje y lo civilizado, encontrando guerreros y costumbres que, desde su perspectiva, resultan incluso más bárbaros que los de su propio mundo. Esta inversión de roles no solo es ingeniosa, sino que obliga al lector a cuestionar sus propios prejuicios y las narrativas históricas que ha internalizado. La historia se nutre de un imaginario mexicano rico y profundo, explorando culturas y ciudades desaparecidas en el tiempo, lo que añade una capa de misterio y fascinación al relato.

La creación de 'El Conquistador' no fue un proceso meramente imaginativo; estuvo profundamente arraigada en la investigación y, sorprendentemente, en una conmovedora conexión personal para el autor. Federico Andahazi recuerda cómo el sino de su personaje central, Quetza, encontró un paralelo inesperado en la vida de su propio hijo, Blas. Quetza, en la novela, es un personaje que lucha por su vida, y de manera premonitoria, el hijo de Andahazi, Blas, tuvo que enfrentar un grave problema de salud poco después de su nacimiento. Esta simetría de destino conmovió profundamente al autor, quien dedicó su libro a Blas con una frase que encapsula la esencia de la novela y de la vida misma: «A Blas, de quien aprendí que la épica no es sólo un género poético, sino el modo cotidiano de enfrentar los espantajos de la existencia luchando con belleza y dignidad». Esta conexión íntima no solo añade una capa de profundidad emocional a la obra, sino que también subraya cómo la literatura puede, a veces, adelantarse a la vida, o cómo la vida se entrelaza de formas misteriosas con la ficción que creamos.

El proceso de investigación para 'El Conquistador' fue, según Andahazi, complejo y meticuloso. Viajó a México y España, sumergiéndose en el estudio de historias, mitos y la realidad de las culturas que abordaría en su novela. Uno de los hallazgos que más le impactó fue descubrir que la Ciudad de México, el bullicioso DF, está construida literalmente sobre las ruinas de la antigua y avanzada ciudad de Tenochtitlán. Esta superposición física, para Andahazi, simboliza un "peso de la culpa" y una suerte de hundimiento metafórico debido a la extirpación de la memoria de una de las culturas que conviven en el país. En México, el autor percibió una dualidad cultural donde gran parte de los descendientes de los aztecas (o mexicas, como él prefiere llamarlos) ignoran su herencia, su lengua ancestral, el náhuatl, y la grandiosidad de Tenochtitlán, una ciudad comparable a una Venecia pero muy avanzada para su época. Esta observación llevó a Andahazi a reflexionar sobre la escrupulosidad de la conquista española en borrar las huellas de la memoria prehispánica, un tema recurrente y doloroso en la historia de América Latina.

La intención del narrador en 'El Conquistador' es clara y ambiciosa: invitar al lector a despojarse de la visión eurocéntrica para adoptar una perspectiva radicalmente diferente. Al ponerse en el lugar de Quetza, un hombre de otro mundo con un sistema de pensamiento y creencias distinto, el lector es desafiado a ver los eventos históricos y culturales con otros ojos. Andahazi ejemplifica esto al señalar cómo Quetza interpreta los actos de la Inquisición en Europa como una forma de "sacrificio ritual" de aquellos "salvajes", una inversión mordaz de la percepción tradicional. Esta confrontación de subjetividades revela tanto las vastas diferencias como las sorprendentes similitudes entre mundos aparentemente opuestos. Para Andahazi, la guerra de la Conquista no es un evento cerrado en el pasado; cree que sus repercusiones persisten en el presente, manifestándose en las luchas sociales y étnicas que aún hoy convulsionan América Latina. La novela, por tanto, no solo es una aventura histórica, sino también una profunda reflexión sobre la continuidad de los conflictos y la búsqueda de identidad.

¿Quién creó el 'Libro de la conquista'?
El 'Libro de la conquista' del Códice Florentino fue creado por Bernardino de Sahagún y su equipo.

Una pregunta recurrente en torno a 'El Conquistador' es si se trata de una novela histórica. Andahazi, con su visión particular, se cuestiona la existencia misma de la novela histórica en su sentido más estricto. Para él, si bien una novela ambientada en el pasado puede ser considerada histórica, la esencia de la literatura reside más en la verosimilitud que en la verdad fáctica. No busca una reconstrucción fiel de la historia, sino crear un relato que sea plausible dentro de su propia lógica narrativa. Sin embargo, paradójicamente, reconoce que la literatura, aunque no se proponga ser fiel a los hechos, termina contribuyendo a la construcción de la historia, de la misma manera que Freud recurrió a la literatura para edificar el psicoanálisis. Toda novela, en este sentido, aporta a la comprensión del pasado y del presente. En el caso de 'El Conquistador', la verosimilitud se sustenta en la lógica de que los aztecas, siendo excelentes navegantes —dada su ciudad, Tenochtitlán, fundada en medio de un lago— y poseedores de una concepción del universo superior a la europea, bien podrían haber tenido los medios y el conocimiento para llevar a cabo una epopeya transoceánica. Andahazi se complace en rescatar personajes que la historia oficial ha dejado inadvertidos, como Quetza, a quien presenta como la contrafigura de Colón y Hernán Cortés, atribuyéndole, según las creencias que explora, el diseño del primer mapa celeste y el descubrimiento de un continente nuevo antes que sus contrapartes europeas.

La cuestión de la pérdida de la memoria histórica es un eje central en la obra y en las reflexiones de Andahazi. En México, esta pérdida es particularmente elocuente y distinta a lo que ocurre en países como Bolivia o Perú, donde los pueblos originarios mantienen una relación más estrecha con sus antepasados y su cultura. En México, en cambio, la memoria de los mexicas fue drásticamente borrada. Andahazi lamenta la desaparición de la fantástica literatura azteca, escrita en náhuatl, una de las escrituras más avanzadas de su tiempo, multidimensional y con ideogramas que preservaban la temporalidad del pasado, presente y futuro. De esta riqueza literaria solo quedan unos pocos códices, custodiados en Florencia. Para el autor, es a través de la pérdida de su literatura que los pueblos pierden su memoria, un proceso devastador que 'El Conquistador' busca, en parte, reparar o al menos visibilizar, invitando a una recuperación imaginaria de lo que fue. La novela, por tanto, se convierte en un acto de resistencia contra el olvido, un recordatorio de que la historia es un palimpsesto donde las narrativas dominantes a menudo ocultan otras voces y verdades.

Preguntas Frecuentes sobre 'El Conquistador'

PreguntaRespuesta
¿Es 'El Conquistador' una novela histórica fiel a los hechos?No, según Andahazi, la novela prioriza la verosimilitud (plausibilidad) sobre la verdad histórica literal. No busca una reconstrucción fiel, sino una propuesta narrativa que desafía la visión tradicional.
¿Cuál es la intención principal de Federico Andahazi al escribir esta obra?Su intención es que el lector adopte una visión no eurocéntrica, poniéndose en el lugar de alguien de otro mundo, y reflexione sobre la continuidad de la guerra de la Conquista en las luchas sociales actuales.
¿Qué papel juega la investigación en la creación de la novela?La investigación fue compleja y profunda, incluyendo viajes a México y España, y el estudio de leyendas y la historia de Tenochtitlán. Sin embargo, el material se filtró para no “atosigar” al lector.
¿Por qué la novela está dedicada al hijo del autor?La novela está dedicada a su hijo Blas porque, de forma premonitoria, su nacimiento y lucha por la vida reflejaron la situación del personaje Quetza. Fue un acto de escritura con el propósito de “escribir un destino” para Blas.
¿Qué se entiende por “épica” en el contexto del libro?Para Andahazi, la “épica” no es solo un género literario, sino el modo cotidiano de enfrentar las adversidades de la existencia con belleza y dignidad, concepto aprendido de la lucha de su hijo.
¿Cómo aborda la novela la perspectiva eurocéntrica?La novela invierte la narrativa tradicional al presentar a un mexica “conquistando” Europa y viendo sus costumbres (como la Inquisición) como bárbaras, forzando al lector a cuestionar sus propios sesgos culturales.
¿Cuál es la relevancia de la ciudad de Tenochtitlán en la trama?Tenochtitlán es fundamental. Simboliza la grandeza de la cultura mexica y su desaparición bajo la Ciudad de México, representando la “culpa” y la “extirpación” de la memoria histórica de un pueblo.
¿Por qué Federico Andahazi se presentó al Premio Planeta?Andahazi lo describe como una “travesura” y una asignatura pendiente, ya que en una ocasión anterior había sido finalista con “El Anatomista” pero tuvo que retirar la obra, perdiendo la oportunidad de ganarlo.

Perspectivas Comparadas en 'El Conquistador'

La novela de Andahazi invita a contrastar dos mundos, el europeo y el mexica, vistos a través de los ojos de Quetza. Esta tabla resume algunas de las diferencias y similitudes exploradas:

AspectoVisión Europea (según Quetza)Visión Mexica
Concepto de Sacrificio/RitualInquisición: actos “salvajes” y brutales, carentes de un entendimiento ritual para Quetza.Ritos con un sistema de creencias y propósito sagrado, aunque a menudo malinterpretados por los europeos.
NavegaciónLos europeos desconocían la sofisticación náutica y la capacidad de navegación transoceánica de los mexicas.Excelentes navegantes, su ciudad, Tenochtitlán, fue fundada en medio de un lago, lo que les otorgaba un dominio natural del transporte acuático.
Concepción del UniversoLimitada y geocéntrica, enfocada en sus propias verdades reveladas.Superior y avanzada para su época, con conocimientos astronómicos y una cosmovisión compleja que incluía el diseño de mapas celestes.
Memoria HistóricaRegistrada en textos y en evolución, aunque sesgada por la perspectiva dominante.Extirpada y borrada tras la conquista, con la pérdida de su rica literatura (náhuatl) y la consiguiente amnesia cultural.
Guerreros / BarbarieQuetza encuentra a los guerreros europeos “bárbaros” y sus métodos más crueles que los de su propio mundo.Poseían guerreros propios con códigos de honor y una moralidad de combate diferente, a menudo malinterpretada como salvajismo por los europeos.

'El Conquistador' es, en última instancia, mucho más que una simple novela de aventuras. Es una invitación a la reflexión, una provocación intelectual que nos insta a desaprender y a mirar la historia y la identidad desde múltiples ángulos. Federico Andahazi, con su maestría narrativa, no solo nos entrega una historia verosímil y cautivadora, sino que también nos recuerda la importancia de la memoria de los pueblos y el poder de la literatura para rescatar y reinterpretar aquello que parecía perdido. Es un libro que persiste en la mente del lector mucho después de haber cerrado sus páginas, dejando una profunda impresión sobre la complejidad de la experiencia humana y la necesidad de cuestionar las narrativas dominantes para comprender verdaderamente nuestro pasado y, por ende, nuestro presente.

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