08/08/2023
En el corazón de la Ciudad de México, una imponente estatua ecuestre ha sido testigo silencioso de siglos de historia, conocida cariñosamente como 'El Caballito'. Paralelamente, en las profundidades del Mediterráneo y otros mares, otra criatura, igualmente singular y también apodada 'caballito', lucha por su supervivencia. Aunque separados por continentes, materiales y reinos de vida, ambos 'caballitos' nos invitan a reflexionar sobre la riqueza de nuestro patrimonio cultural y la fragilidad de la biodiversidad natural.

El Caballito de Bronce: Un Símbolo Real en el Corazón de México
La historia del 'Caballito' de la Ciudad de México está intrínsecamente ligada a la figura de Carlos IV, quien fue rey de España desde el 14 de diciembre de 1788 hasta el 19 de marzo de 1808. Nacido en Italia en 1748, Carlos Antonio Pascual Francisco Javier Juan Nepomuceno José Januario Serafín Diego, hijo de Carlos III, ha sido recordado por su carácter manipulable, delegando gran parte de su reinado a su esposa, María Luisa de Parma, y a su hombre de confianza, Manuel Godoy.
La idea de erigir una estatua en la Nueva España surgió con la proclamación de Carlos IV como monarca. El arquitecto Ignacio Castera propuso inicialmente dos estatuas ecuestres, una para el nuevo rey y otra para su predecesor. Sin embargo, la escasez de recursos permitió solo la construcción de una. La primera versión, de madera, fue efímera debido a la fragilidad del material.
Fue en 1794 cuando el virrey marqués de Branciforte, con una reputación de ser corrupto, llegó a la Nueva España. Buscando congraciarse con el monarca, solicitó autorización para erigir una nueva escultura ecuestre en bronce, destinada a reemplazar la ya inexistente de madera. Esta obra monumental se encargó al arquitecto y escultor Manuel Tolsá, una figura clave en el arte neoclásico, quien había sido nombrado por el propio Carlos IV como director de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. La elección de Tolsá garantizaba una obra de la más alta calidad artística y técnica, digna de la majestad real.
La escultura ecuestre del Rey Carlos IV, popularmente conocida desde entonces como 'El Caballito', fue finalmente inaugurada en 1803. Su ubicación original fue el centro de la Plaza Mayor, el espacio que hoy conocemos como el Zócalo capitalino. Sin embargo, tras la consumación de la Independencia de México, la presencia de un símbolo monárquico español se volvió controversial. Para protegerla de posibles actos de destrucción, la estatua fue trasladada al patio de la antigua Universidad.
Años más tarde, en 1852, 'El Caballito' emprendió otro viaje. Fue reubicado en la entonces recién creada Plaza de la Reforma, un punto neurálgico en el cruce del Paseo de la Reforma y avenidas importantes como Juárez, Bucareli, Ejido (actual Avenida de la República) y la calle de Rosales. Fue en esta época cuando el lugar adoptó el nombre de la Glorieta del Caballito, un punto de referencia icónico que perduró por décadas y que la mayoría de los capitalinos aún asocian con la obra. La estatua no solo servía como ornamento, sino como un eje central en el desarrollo urbano y la identidad de la ciudad.
Finalmente, en 1979, el célebre 'Caballito' fue retirado de este emblemático sitio para dar paso a otras obras urbanas y se trasladó a su ubicación actual, donde engalana la Plaza Manuel Tolsá, en la calle de Tacuba, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Aquí, frente al Palacio de Minería, obra también de Tolsá, la estatua encuentra un digno reposo, conectando directamente con el legado de su creador y permaneciendo como un testimonio vivo de la rica y compleja historia de México.
El Caballito de Mar: Un Tesoro Submarino en Peligro
Lejos del bullicio urbano y la grandeza histórica de la Ciudad de México, existe otro 'caballito' que habita en las profundidades marinas: el caballito de mar, o hipocampo. Estas fascinantes criaturas son peces óseos que pertenecen a la familia de los signátidos, al igual que los dragones de mar y los peces aguja. El caballito de mar de hocico largo (Hippocampus guttulatus), por ejemplo, es una de las 35 especies conocidas en el planeta y se encuentra en grave peligro de desaparecer en el Mediterráneo, un mar que sufre una alarmante pérdida de biodiversidad.
La apariencia de los hipocampos es, sin duda, una mezcla única que los hace inconfundibles. Poseen una cabeza que recuerda a la de un caballo, de ahí su nombre popular. Su cuerpo no está cubierto de escamas, sino de una fina piel estirada sobre una serie de placas óseas dispuestas en anillos, formando una especie de armadura que los protege de depredadores. Una de sus características más distintivas es su forma de nadar: lo hacen erguidos, impulsándose gracias a una aleta dorsal, mientras que sus aletas pectorales, ubicadas detrás de los ojos, les permiten orientar su marcha. A diferencia de la mayoría de los peces, carecen de la típica aleta caudal.
Su cola es otra maravilla de la adaptación. Es una cola prensil, lo que significa que puede agarrarse a corales, plantas o algas marinas, permitiéndoles anclarse y camuflarse, a veces durante días, esperando a sus presas o evitando ser detectados. Esta cola está compuesta por anillos cuadrados que solo pueden 'desbloquearse' en condiciones extremas, lo que añade a su singularidad. Además, cuentan con un cuello flexible y bien definido, y una espina o cuerno en la cabeza, denominada 'corona', que es única para cada especie, sirviendo casi como una huella dactilar. Respiran a través de branquias y controlan su flotabilidad gracias a una vejiga natatoria.

Pero lo que realmente distingue al caballito de mar en el reino animal es su proceso reproductivo. Comienza con un intrincado ritual de cortejo en el que la pareja entrelaza sus colas. Son monógamos, apareándose de por vida, y lo más sorprendente es que son los machos, no las hembras, quienes se 'embarazan'. Las hembras insertan sus huevos en la bolsa ventral del macho, quien los incuba agarrado con su cola durante aproximadamente 45 días. De cada embarazo pueden nacer entre 100 y 300 crías, aunque la tasa de supervivencia es drásticamente baja, estimada en solo un 0.5%.
El hábitat natural de estos peces son las aguas templadas y tropicales, siendo el Mediterráneo un refugio importante. Prefieren los corales, los lechos de pastos marinos como la Posidonia oceanica y la Cymodocea nodosa, y los estuarios. Se alimentan de plancton, pequeños crustáceos y algas, y lo hacen con mucha frecuencia, entre 30 y 50 veces al día. Esto se debe a que carecen de estómago, lo que hace que la comida pase muy rápido por su cuerpo, obligándolos a ingerir constantemente; pueden llegar a comer hasta 3,000 artemias (crustáceos) al día.
Amenazas y Esfuerzos de Conservación
La situación del caballito de mar a nivel mundial es preocupante. En el Mediterráneo, casi el 15% de las especies evaluadas están clasificadas como 'Casi Amenazadas' según La Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. El Govern balear los ha incluido en el Llibre Vermell dels Peixos de Balears. Las principales amenazas en el Mediterráneo incluyen la contaminación, la presión humana (amarres, tránsito de barcos), la fauna invasora y, sobre todo, la sobrepesca, que deja a salvo a menos del 1% de las aguas. A nivel global, la medicina tradicional asiática representa una amenaza masiva, con una estimación de 100 a 150 millones de ejemplares sacrificados al año.
El calentamiento de las aguas mediterráneas, muy por encima de las previsiones más pesimistas, también afecta gravemente a los caballitos de mar, que habitan en zonas costeras y de poca profundidad. Los expertos advierten que, si las condiciones actuales no se revierten, el hipocampo podría desaparecer del planeta en 25 años, según el biólogo marino Manu San Felix, explorador de National Geographic.
Ante este panorama, la necesidad de acción es urgente. Las dos especies 'Casi Amenazadas' en el Mediterráneo, Hippocampus hippocampus y Hippocampus guttulatus, están protegidas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y el Anexo II del Protocolo sobre las Áreas Especialmente Protegidas y de Diversidad Biológica del Convenio de Barcelona.
Diversos proyectos y organizaciones están luchando por la recuperación de los caballitos de mar. Manu San Felix ha liderado iniciativas como 'La selva de Posidonia, el hábitat del caballito de mar' y está embarcado en un proyecto más ambicioso para restaurar el Mediterráneo. Este proyecto, que comenzará a finales de 2022 o principios de 2023, se basa en cuatro pilares: conservación, acciones de recuperación (con fuerte base educativa), comunicación y ciencia. Se busca generar un stock de hipocampos mediante cría en cautividad en colaboración con la Universidad de Murcia y Emilio Cortés, el mayor experto en estas tareas. La asociación Vellmarí, que se convertirá en fundación, promueve estas acciones con financiación privada.
La conservación de las praderas de Posidonia oceanica es fundamental para la supervivencia del caballito de mar y otras especies. Esta planta marina, endémica del Mediterráneo y el organismo vivo más grande del planeta, forma extensas praderas que son hábitats prioritarios. Proporciona servicios ecosistémicos vitales como la oxigenación del agua, la captación de carbono y la protección contra la erosión costera. Es una verdadera 'guardería' para numerosas especies, incluyendo los signátidos.
A pesar de que las praderas de posidonia están en retroceso debido a la presión humana y náutica, proyectos como Posidonia Maps de Vellmarí y otras iniciativas de ciencia ciudadana buscan mapear y proteger estos ecosistemas cruciales. La implicación de administraciones, entidades conservacionistas y la sociedad en general es vital para revertir la situación y asegurar un futuro para el caballitos de mar y la rica biodiversidad marina del Mediterráneo.
Preguntas Frecuentes sobre los 'Caballitos'
- ¿Cómo se llamaba la plaza del Caballito originalmente?
La estatua del Caballito, en su ubicación de 1852, fue la que dio nombre a la Plaza de la Reforma, que pasó a ser conocida popularmente como la Plaza del Caballito o Glorieta del Caballito. Originalmente, la estatua estuvo en el centro de la Plaza Mayor (hoy el Zócalo). - ¿Dónde se encuentra actualmente la estatua del Caballito?
Desde 1979, la estatua ecuestre de Carlos IV se encuentra en la Plaza Manuel Tolsá, en la calle de Tacuba, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. - ¿Por qué se construyó una estatua de Carlos IV en México?
Se propuso su construcción para conmemorar la proclamación de Carlos IV como rey de España en 1788, inicialmente como un gesto de lealtad y para embellecer la Nueva España, y posteriormente encargada por el virrey Branciforte para congraciarse con la Corona. - ¿Qué es lo más singular del caballito de mar?
Sus características más singulares incluyen su cabeza de caballo, su cuerpo cubierto de placas óseas en lugar de escamas, su forma de nadar erguido, su cola prensil para agarrarse y camuflarse, y especialmente, el hecho de que el macho es quien se 'embaraza' y pare a las crías. - ¿Por qué está amenazado el caballito de mar?
El caballito de mar está amenazado principalmente por la contaminación, la presión humana sobre su hábitat, la sobrepesca (tanto accidental como intencionada para el comercio y la medicina tradicional asiática), el calentamiento global y la destrucción de sus hábitats clave como las praderas de posidonia. - ¿Qué papel juega la posidonia en la vida del caballito de mar?
La Posidonia oceanica es fundamental para el caballito de mar, ya que sus praderas actúan como su hogar, refugio y lugar de reproducción. Le proporcionan protección contra depredadores, un lugar para anclarse con su cola prensil y una fuente de alimento indirecta a través del ecosistema que sustenta.
Desde la imponente obra de bronce que narra la historia colonial y la evolución de una nación, hasta la delicada criatura marina que lucha por su existencia en ecosistemas vulnerables, los 'caballitos' nos recuerdan la interconexión entre el pasado y el presente, entre la cultura humana y la naturaleza. La conservación de la estatua del 'Caballito' es un acto de respeto por nuestra historia y arte. De igual forma, la protección del caballito de mar y sus hábitats es una responsabilidad vital para asegurar la salud de nuestros océanos y la biodiversidad del planeta. Ambos, a su manera, son tesoros invaluables que merecen nuestra atención y cuidado.
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