24/02/2023
La ciudad de Buenos Aires, vibrante y llena de historias, esconde entre sus intrincadas manzanas más de cien pasajes que no solo embellecen su trazado urbano, sino que también son testigos silenciosos de momentos cruciales de su pasado. Estas singulares vías, que a menudo pasan desapercibidas para el ojo apresurado, surgieron como una solución ingeniosa a problemas habitacionales y de crecimiento demográfico, transformándose con el tiempo en verdaderos tesoros arquitectónicos. Si alguna vez te preguntaste dónde se encuentra el pasaje de Once a Azcuénaga o qué secretos guardan estas construcciones, acompáñanos en este recorrido por algunos de los más emblemáticos.

La necesidad de optimizar el espacio urbano y albergar a una población en constante crecimiento fue el motor principal de su construcción entre 1880 y 1920. La epidemia de Fiebre Amarilla en 1871, que provocó el éxodo de las clases altas del sur hacia el norte de la ciudad, aceleró un proceso de densificación urbana que las normativas existentes no podían manejar por sí solas. Los pasajes, con sus calles interiores y diversas subdivisiones de parcelas, ofrecieron una respuesta rápida, permitiendo un aumento significativo en el número de viviendas y dando origen a formas variadas: en letras, sin salida, cul-de-sac, cada uno con su propia impronta y encanto.
El Pasaje Colombo: Un Tesoro Escondido entre Rivadavia y Azcuénaga
Uno de los pasajes más intrigantes y el que a menudo genera curiosidad por su ubicación es el Pasaje Colombo. Para responder directamente a la pregunta inicial, el Pasaje Colombo se encuentra en el barrio de Once, a solo cuatro cuadras de Plaza Miserere. Tiene una entrada señorial por la Avenida Rivadavia 2431, recorre aproximadamente treinta metros en el interior de la manzana, gira noventa grados hacia la derecha, y finalmente emerge por Azcuénaga 34. Su particular forma de letra 'L' lo convierte en una curiosidad arquitectónica que entra y sale en la misma manzana, sorprendiendo a quienes lo descubren.
Su origen se remonta a finales del siglo XIX, cuando la compañía de seguros La Edificadora adquirió vastas parcelas de tierra con el ambicioso objetivo de construir edificios para la venta. Este proyecto inmobiliario, liderado por el arquitecto alemán Carlos Heynemann, incluyó el trazado de un camino interno que, popularmente, fue conocido como 'Edificadora'. Sin embargo, la quiebra de la empresa en 1890 llevó al comerciante Carlos Ambrosio Colombo a adquirir el lote, dándole el nombre que conserva hasta hoy.
Actualmente, el Pasaje Colombo alberga decenas de casas particulares y conserva muchos de sus elementos originales que evocan su pasado señorial. La entrada principal luce un imponente portón de hierro, y muchas de las puertas de las viviendas aún conservan un llamador de bronce en forma de mano, detalles que transportan al visitante a otra época. El pavimento de baldosa calcárea, la presencia de un subsuelo, unidades interiores destinadas a vivienda en la planta baja, una decena de locales comerciales y otras cuatro plantas superiores con unidades de tres a ocho habitaciones, demuestran la magnitud y la visión original de su construcción. Incluso cuenta con un pequeño departamento con acceso independiente destinado a portería en una de sus terminaciones.
El valor histórico y cultural del Pasaje Colombo ha sido reconocido oficialmente. Dos plaquetas en sus muros recuerdan su rica historia: una señala que esta manzana formó parte de la quinta de Antonio González Varela, apodado Miserere, pionero del barrio; la otra, rinde homenaje al gran escritor argentino Leopoldo Marechal (1900-1970), quien vivió y murió allí. Gracias a su singularidad y relevancia, en 1997 el lugar fue declarado sitio de Patrimonio Edilicio de la ciudad de Buenos Aires e incluido dentro de las Áreas de Protección Histórica. Su belleza ha sido tal que también ha servido de escenario para numerosas producciones publicitarias.
Más Allá de Once: Otros Pasajes Icónicos de Buenos Aires
Buenos Aires es un compendio de pasajes, cada uno con su propia narrativa y características distintivas. Explorar algunos de ellos es sumergirse en la esencia misma de la ciudad.
Pasaje Butteler: La Cruz de Parque Chacabuco
El Pasaje Butteler es el único en forma de cruz en toda la ciudad. Se encuentra en el barrio de Parque Chacabuco, delimitado por las avenidas Cobo y La Plata, y las calles Zelarrayán y Senillosa. En el centro de esta equis, una pequeña plazoleta con un busto de Enrique Santos Discépolo le otorga un aire bohemio y cultural. Su numeración, del 0 al 100, gira en sentido contrario a las agujas del reloj. Desde 2010, es área de protección histórica, lo que asegura la preservación de su singular arquitectura y atmósfera.
Este pasaje tiene un origen fascinante: data de principios del 1900 y fue el primer barrio social de Buenos Aires. Su construcción, finalizada en 1910, consistió en 64 casas idénticas destinadas a obreros, un proyecto impulsado por Azucena Butteler, miembro de la Sociedad Protectora del Obrero. Hoy, es un rincón tranquilo donde los chicos aún juegan en la calle y los vecinos se cuidan mutuamente. Leyendas urbanas cuentan que en la casa número 17 vivió Rafael Rossi, bandoneonista de Carlos Gardel, y un portón con sus iniciales lo atestigua. Se dice que en los años 30, Gardel y Discépolo se reunían en la placita, que desde 1972 lleva el nombre del célebre compositor. Su calzada, tan angosta que los autos estacionan sobre la vereda, le da un encanto particular. Ha sido escenario de películas como Culpable (1959) y Valentín (2002), y es un lugar icónico para la hinchada de San Lorenzo de Almagro, conocida como la 'gloriosa Butteler', por su cercanía al Viejo Gasómetro.
Pasaje De La Piedad: La Herradura en Plena City Porteña
Con su peculiar forma de herradura, el Pasaje De La Piedad es único en la ciudad. Se adentra casi media cuadra en la manzana, con dos accesos por la misma calle Bartolomé Mitre (1525 y 1573), entre Montevideo y Paraná, en el corazón financiero de Buenos Aires. Aún se pueden observar pintorescos carteles azules que indicaban la entrada y salida para carruajes. Su nombre proviene de la Iglesia de la Señora de la Piedad del Monte Calvario, ubicada enfrente. En 2016, fue declarado de interés cultural.
Este pasaje es uno de los primeros edificios de renta de la ciudad, conservando sus arcadas, trabajos de herrería y puertas de madera. En 1905, fue pionero al contar con el primer ascensor del barrio, aunque hoy ya no funciona. Su construcción, iniciada en 1888, tomó casi veinte años y estuvo a cargo de los hermanos genoveses Nicolás y José Canales, junto al piamontés Juan Antonio Buschiazzo, dejando una marcada influencia italiana y francesa. Encargado por Arturo Gramajo por deseo de su esposa María Adela Saraza de Atucha, quien heredó las tierras, el pasaje cuenta con 114 unidades que mezclan comercios y residencias, distribuidas en edificios de tres cuerpos con retiro de fachada y una antesala común de jardines. Se dice que inspiró algunos versos de Jorge Luis Borges y que allí vivieron figuras como Juan D’Arienzo, Miguel Caló, Jorge Donn, Alberto Olmedo, Enrique Carreras y Andrés Percivale. También fue elegido para filmaciones como Fiebre de primavera, Assassination Tango de Robert Duvall, y cuenta con un teatro donde actuaron Alfredo Alcón y Libertad Lamarque. La leyenda local incluso habla de un asesinato y de Justo Suárez, el 'Torito de Mataderos', entrenando en su sótano.
Pasaje San Lorenzo: La Casa Más Angosta de Buenos Aires
Ubicado en el corazón de San Telmo, a la altura de Defensa al 700, entre Chile y la avenida Independencia, el Pasaje San Lorenzo, de apenas dos cuadras, exhibe construcciones de finales del siglo XIX y principios del XX. En San Lorenzo 380, se encuentra la casa más angosta de la ciudad: solo 2,5 metros de frente por 13 de fondo, con paredes originales de barro cocido y un pequeño balcón en la planta alta. Aunque se rumorea que perteneció a esclavos libertos, su origen más probable es el de un espacio residual de reformas edilicias. Fue hogar del artista plástico Silvio Bassi y hoy, tras ser adquirida y restaurada por Jorge Eckstein en 1994, puede visitarse diariamente de 13 a 17 horas, ofreciendo una ventana única a la arquitectura de la época.

Tabla Comparativa de Pasajes Emblemáticos
| Pasaje | Ubicación Principal | Forma Distintiva | Característica Principal |
|---|---|---|---|
| Colombo | Once (Rivadavia/Azcuénaga) | L | Antiguo proyecto inmobiliario, declarado Patrimonio Edilicio. |
| Butteler | Parque Chacabuco | Cruz | Primer barrio social de la ciudad, centro de reunión de hinchadas. |
| De La Piedad | Microcentro (Bartolomé Mitre) | Herradura | Edificio de renta con primer ascensor del barrio, gran influencia arquitectónica. |
| San Lorenzo | San Telmo | Línea recta | Hogar de la casa más angosta de Buenos Aires. |
Azcuénaga: Más que una Calle, un Destino
La calle Azcuénaga, mencionada en la ubicación del Pasaje Colombo, tiene su propio recorrido y relevancia en la ciudad de Buenos Aires. Esta vía atraviesa el barrio de Balvanera, extendiéndose desde su cruce con la Avenida Córdoba (a la altura del 800) hasta su intersección con la Avenida Rivadavia (a la altura del 1). Es una arteria importante que conecta diferentes puntos de esta concurrida zona porteña.
Pero 'Azcuénaga' no solo se refiere a una calle en la Capital Federal. Existe también una localidad rural con el mismo nombre en el Partido de San Andrés de Giles, en la Provincia de Buenos Aires. Fundada el 1 de julio de 1880 con la inauguración de su estación de ferrocarril, esta localidad se encuentra a 11 km de la ciudad cabecera del partido, con fácil acceso a través de la RP 193.
La Azcuénaga rural es un destino ideal para quienes buscan tranquilidad y un respiro de la rutina. A pesar de su tamaño, posee una pequeña hostería y tres restaurantes donde se pueden disfrutar platos de comida casera. Un atractivo notable es el mural de adobe en la estación ferroviaria, obra de Carlos Moreyra y Cristina Terzaghui, que se ha convertido en un punto turístico del pueblo. La paz que se respira en sus calles silenciosas y la ausencia de largas filas para comer son muy valoradas por los visitantes.
A principios del siglo XX, albañiles italianos construyeron casas con rejas de hierro en los ventanales, hechas por los primeros herreros de la localidad, lo que le da un toque distintivo. Los lugares más recomendados para conocer en la localidad de Azcuénaga incluyen: el edificio de la antigua Casa Terren, la Capilla Nuestra Señora del Rosario, el club recreativo Apolo, la panadería artesanal frente al club Apolo, el edificio de la cooperativa eléctrica, y las fachadas de varias casonas centenarias construidas a fines del siglo XIX.
Preguntas Frecuentes sobre los Pasajes de Buenos Aires y Azcuénaga
¿Dónde se encuentra el pasaje de Once a Azcuénaga?
El pasaje de Once a Azcuénaga es el Pasaje Colombo. Su entrada principal se encuentra en Avenida Rivadavia 2431 y su salida en Azcuénaga 34, en el barrio de Once, a cuatro cuadras de Plaza Miserere.
¿Cuál es el pasaje más angosto de Buenos Aires?
La casa más angosta de Buenos Aires, de 2,5 metros de frente, se encuentra en el Pasaje San Lorenzo 380, en el barrio de San Telmo.
¿Qué pasaje de Buenos Aires tiene forma de cruz?
El Pasaje Butteler, ubicado en Parque Chacabuco, es el único en la ciudad de Buenos Aires que tiene forma de cruz.
¿Por qué se construyeron los pasajes en Buenos Aires?
Los pasajes se construyeron entre 1880 y 1920 como una solución al incipiente problema habitacional y la densificación urbana, especialmente tras la epidemia de fiebre amarilla de 1871, que impulsó el crecimiento poblacional en el norte de la ciudad. Permitió aumentar el número de viviendas en un trazado cuadricular.
¿Es la localidad de Azcuénaga un lugar turístico?
Sí, la localidad de Azcuénaga en San Andrés de Giles es un destino turístico rural tranquilo. Ofrece una hostería, restaurantes, un mural de adobe en la estación ferroviaria, y permite visitar casonas centenarias, la Capilla Nuestra Señora del Rosario y el club Apolo.
Los pasajes de Buenos Aires son mucho más que simples atajos o calles secundarias; son cápsulas del tiempo que nos permiten asomarnos a la riqueza histórica, arquitectónica y social de una ciudad en constante evolución. Recorrerlos es conectar con el pulso de tiempos pasados y descubrir la belleza oculta en sus rincones más inesperados.
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