03/09/2023
El Obelisco de Buenos Aires, esa esbelta columna que se alza majestuosa en el cruce de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, es mucho más que una simple estructura de piedra. Es un testigo silencioso de la historia, un punto de encuentro para celebraciones y lamentos, y el epicentro de la identidad porteña. Recientemente, su figura volvió a ser protagonista de la alegría colectiva, como cuando un grupo de eufóricos hinchas lo escaló el 20 de diciembre de 2022 para blandir la bandera argentina en los festejos por la Copa del Mundo. Sin embargo, su origen dista mucho de haber sido un camino de aceptación unánime. Su historia, marcada por la velocidad de su construcción, las intensas polémicas y los intentos de demolición, lo consolidan como un verdadero ícono de resiliencia y simbolismo en el corazón de la Argentina.

La gestación de este monumento, que hoy celebra más de ocho décadas de existencia, se remonta a la década de 1930, en las vísperas del cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. Una efeméride de tal magnitud exigía un homenaje a la altura, y el intendente porteño de aquel entonces, Mariano de Vedia y Mitre, se encontró ante un dilema monumental. ¿Cómo conmemorar un acontecimiento tan significativo para la ciudad? Las propuestas iniciales variaban, desde la erección de una estatua de Hipólito Yrigoyen en la flamante avenida 9 de Julio, hasta un homenaje póstumo a Carlos Gardel, fallecido trágicamente el año anterior. Pero ninguna de estas ideas terminaba de convencer al alcalde, quien había asumido su cargo en 1932 por designación del presidente Agustín P. Justo.
- La Idea que Cambió el Paisaje Porteño
- La Batalla por su Existencia: Resistencia y Triunfo
- Preguntas Frecuentes sobre el Obelisco de Buenos Aires
- ¿Quién fue el arquitecto del Obelisco de Buenos Aires?
- ¿Cuánto tiempo tardó en construirse el Obelisco?
- ¿Cuál es la altura del Obelisco de Buenos Aires?
- ¿Qué había en el lugar donde hoy se encuentra el Obelisco?
- ¿Por qué se quiso demoler el Obelisco de Buenos Aires?
- ¿Qué simbolizan las cuatro caras del Obelisco?
La Idea que Cambió el Paisaje Porteño
Fue Atilio Dell’Oro Maini, su secretario de Hacienda y Administración, quien tuvo la visión que transformaría el paisaje urbano de Buenos Aires: la construcción de un obelisco. La propuesta cautivó a Mariano de Vedia y Mitre, quien de inmediato encargó el proyecto al arquitecto Alberto Prebisch. Prebisch, un talentoso tucumano de 37 años con obras ya destacadas como el Teatro Gran Rex, aceptó el desafío con entusiasmo. El decreto del 3 de febrero de 1936 que oficializó la obra, afirmaba la necesidad de un monumento “que señale al pueblo de la República la verdadera importancia de aquella efeméride, que no existe en la ciudad ningún monumento que simbolice el homenaje de la Capital de la Nación entera”. Así nació la idea de lo que se convertiría en el emblema más reconocido de Buenos Aires.
La elección de un obelisco no fue casual. Prebisch, al ser consultado sobre su diseño, explicó que “se adoptó esta simple y honesta forma geométrica porque es la forma de los obeliscos tradicionales”. Inspirado en las milenarias construcciones del Antiguo Egipto, que representaban los rayos del sol y se erigían en las entradas de los templos, el Obelisco porteño buscaba una simplicidad y una universalidad en su forma que trascendiera modas y estilos. De hecho, la palabra «obelisco» proviene del latín «obeliscum», y el diccionario de la Real Academia Española lo define como un «pilar muy alto, de cuatro caras iguales y terminado por una punta piramidal muy achatada, que sirve de adorno en lugares públicos». Una definición que encaja perfectamente con el propósito y la fisonomía de la obra de Prebisch.
Un Templo Sacrificado por un Símbolo
La construcción del Obelisco no estuvo exenta de desafíos y controversias desde sus cimientos. El mayor obstáculo inicial fue la presencia de la histórica iglesia de San Nicolás de Bari. Este templo, inaugurado en 1727, se erigía precisamente en el lugar donde hoy se encuentra el monumento, interponiéndose en el ambicioso plan de ensanche de la avenida Corrientes y la traza de la avenida 9 de Julio, impulsado también por el intendente de Vedia y Mitre. La iglesia de San Nicolás de Bari no era un templo cualquiera; era un hito de la historia argentina. En sus pilas bautismales recibieron el sacramento figuras trascendentales como Mariano Moreno, Manuel Dorrego y Bartolomé Mitre. Además, fue el lugar de sepultura del cura Manuel Alberti, el primer miembro de la Primera Junta en fallecer. Pero, quizás, su mayor hito histórico fue el 23 de agosto de 1812, cuando en su torre flameó por primera vez la bandera argentina. El nombre del barrio de San Nicolás, de hecho, se debe a este venerable templo.
La municipalidad porteña inició un juicio contra la curia para obtener la cesión del terreno, un litigio que finalmente ganó. El 16 de agosto de 1931, monseñor Figueroa celebró la última misa en la iglesia, antes de que “desaparece demolida por la piqueta municipal”, como lo consignó la revista Caras y Caretas. Para compensar la pérdida, en 1935 se inauguró una nueva iglesia de San Nicolás de Bari en su ubicación actual, sobre la avenida Santa Fe al 1300. Este episodio, que implicó la demolición de un patrimonio histórico-religioso, sentó las bases para el nuevo ícono porteño.
La Construcción Relámpago y sus Primeros Percances
Una vez despejado el terreno, los trabajos para la edificación del Obelisco comenzaron el 20 de marzo de 1936. La empresa alemana GEOPE fue la encargada de llevar a cabo la obra. Lo que asombra de este proyecto es la increíble velocidad con la que se concretó: apenas dos meses. El intendente Mariano de Vedia y Mitre había insistido en que la obra estuviera terminada antes del 25 de mayo, fecha patria de gran significado. Con la participación de 157 obreros, el Obelisco, de 67,5 metros de altura, con una escalera interna de 206 escalones y siete descansos que conducen a su mirador en la cúspide, fue inaugurado el sábado 23 de mayo de 1936 a las 15 horas. Lamentablemente, la prisa y la magnitud de la obra tuvieron un costo humano: el obrero italiano José Cosentino falleció durante la construcción. El costo total de la obra ascendió a 200.000 pesos, una cifra considerable para la época.
Las Caras del Obelisco: Un Relato Histórico en Piedra
Cada una de las cuatro caras del Obelisco no es un mero plano liso; por el contrario, evoca un momento trascendental en la historia de Buenos Aires y de la Argentina. Estas evocaciones, aunque no siempre evidentes para el transeúnte común, le otorgan al monumento una profundidad histórica y simbólica. Los eventos conmemorados son:
- La primera fundación de Buenos Aires por Pedro de Mendoza en 1536.
- La segunda fundación de la ciudad por Juan de Garay en 1580.
- La primera vez que la bandera argentina flameó en Buenos Aires, precisamente en la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari en 1812, el mismo sitio donde hoy se erige el Obelisco.
- La federalización de Buenos Aires en 1880, que la convirtió en la Capital Federal de la República Argentina.
Estos hitos grabados en piedra convierten al Obelisco en un verdadero documento histórico, una cápsula del tiempo que resume los orígenes y la consolidación de la ciudad que lo alberga.
La Batalla por su Existencia: Resistencia y Triunfo
A pesar de su rápida construcción y su imponente presencia, el Obelisco no fue recibido con los brazos abiertos por todos. Desde el momento de su concepción, fue objeto de feroces críticas. Sus detractores lo calificaban de “monumento estrafalario”, “adefesio” o “bodrio”, llegando incluso a sospechar de un “negociado” detrás de su construcción. Argumentaban que era una edificación antiestética y que su proyecto no había sido debidamente discutido en el Concejo Deliberante. Aquellos acostumbrados a una arquitectura más clásica consideraban que el Obelisco, encerrado entre edificios en una Avenida 9 de Julio aún en trazado, resultaba “estéticamente feo”.
La oposición al Obelisco encontró un nuevo impulso y una oportunidad para la revancha el 21 de junio de 1938. Un día después de una multitudinaria celebración del Día de la Bandera, se desplomaron varias losas que lo recubrían, presumiblemente debido a la vibración del subterráneo, ya que los cimientos del monumento se encuentran sobre la línea B. La gravedad del incidente fue palpable: de haberse caído un día antes, las losas habrían impactado sobre la multitud de niños que se habían reunido allí para el acto. Este suceso reavivó el debate sobre su seguridad y su idoneidad.
La crisis escaló y, en junio del año siguiente, los concejales porteños votaron una ordenanza histórica: la 10.251, que establecía la demolición del Obelisco. La votación fue contundente, con 23 votos a favor y solo uno en contra. Las razones esgrimidas eran variadas: seguridad (por el desprendimiento de losas), estética (su estilo funerario y la falta de armonía con el entorno) y económicas (la negativa a invertir más fondos en reparaciones). Se argumentó incluso que la ley 8855 no autorizaba la construcción de ningún monumento en la traza de la 9 de Julio, lo que, según ellos, invalidaba legalmente la obra. La ordenanza sentenciaba que debía ser demolido “al nivel del suelo”.

Sin embargo, el Obelisco encontró un defensor inesperado en el más alto nivel. El propio presidente de la Nación, Roberto Marcelino Ortiz, intervino en el asunto. Ortiz expresó públicamente que el Obelisco era un monumento crucial para recordar un acontecimiento de la envergadura de la primera fundación de Buenos Aires. Argumentó que el intendente porteño era un delegado del gobierno nacional y que, por lo tanto, el Ministerio de Obras Públicas se encargaría de costear las reparaciones necesarias. Finalmente, el intendente Arturo Goyeneche, ejerciendo su potestad, vetó la ordenanza de demolición, salvando al Obelisco de su desaparición.
Tras este episodio, las losas originales fueron retiradas y reemplazadas por mampostería, una solución más segura y duradera. En el apuro por finalizar las reparaciones y zanjar la polémica, se eliminó la leyenda que indicaba que Alberto Prebisch había sido el arquitecto de la obra, un detalle que, aunque menor, ilustra la tensión del momento. Así, el Obelisco resistió las críticas, los accidentes y los intentos de demolición, consolidándose aún más como un símbolo de la tenacidad porteña.
Cronología de Hitos del Obelisco de Buenos Aires
| Fecha / Periodo | Acontecimiento | Descripción |
|---|---|---|
| Febrero 1936 | Decreto de Creación | El intendente Mariano de Vedia y Mitre resuelve la construcción del Obelisco para conmemorar el IV Centenario de la primera fundación de Buenos Aires. |
| 20 de Marzo de 1936 | Inicio de Construcción | La empresa alemana GEOPE comienza los trabajos. Se utilizan 157 obreros. |
| 23 de Mayo de 1936 | Inauguración Oficial | Se inaugura el Obelisco, en una ceremonia presidida por el Presidente Agustín P. Justo y el intendente Mariano de Vedia y Mitre. |
| 21 de Junio de 1938 | Desprendimiento de Losas | Tras un acto multitudinario, se desprenden losas del revestimiento, posiblemente por vibraciones del subte. |
| Junio de 1939 | Ordenanza de Demolición | El Concejo Deliberante vota a favor de la demolición del Obelisco (Ordenanza 10.251), argumentando seguridad, estética y economía. |
| 1939 | Veto Presidencial | El presidente Roberto Marcelino Ortiz interviene, y el intendente Arturo Goyeneche veta la ordenanza de demolición. Se reemplazan las losas por mampostería. |
| 20 de Diciembre de 2022 | Festejos Copa del Mundo | Hinchas ingresan al Obelisco para celebrar la obtención de la Copa del Mundo, reafirmando su rol como epicentro de festejos populares. |
Preguntas Frecuentes sobre el Obelisco de Buenos Aires
¿Quién fue el arquitecto del Obelisco de Buenos Aires?
El arquitecto que diseñó el Obelisco de Buenos Aires fue Alberto Prebisch, un notable exponente del modernismo argentino. Prebisch, nacido en Tucumán en 1899, fue también el responsable de obras emblemáticas como el Teatro Gran Rex en la Avenida Corrientes, que comparte la misma estética de líneas limpias y geométricas.
¿Cuánto tiempo tardó en construirse el Obelisco?
La construcción del Obelisco fue notablemente rápida, demorando apenas dos meses. Los trabajos comenzaron el 20 de marzo de 1936 y fue inaugurado el 23 de mayo de ese mismo año. Esta velocidad se debió al deseo del intendente Mariano de Vedia y Mitre de que estuviera listo antes del 25 de mayo, fecha patria significativa.
¿Cuál es la altura del Obelisco de Buenos Aires?
El Obelisco tiene una altura total de 67,5 metros desde su base hasta la punta. Su base es un cuadrado de 6,8 metros por lado. En su interior, cuenta con una escalera marinera de 206 escalones y siete descansos que conducen a un mirador con cuatro ventanas en la cúspide, visibles desde la calle.
¿Qué había en el lugar donde hoy se encuentra el Obelisco?
Antes de la construcción del Obelisco y el ensanche de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, en ese mismo lugar se encontraba la histórica iglesia de San Nicolás de Bari. Este templo, inaugurado en 1727, fue un importante centro religioso y un hito histórico donde, por ejemplo, se izó por primera vez la bandera argentina en 1812.
¿Por qué se quiso demoler el Obelisco de Buenos Aires?
Hubo un fuerte intento de demolición del Obelisco en junio de 1939, apenas tres años después de su inauguración. Las razones esgrimidas por el Concejo Deliberante incluían la preocupación por la seguridad (tras el desprendimiento de losas en 1938), críticas estéticas que lo consideraban un “adefesio” o de “estilo funerario”, y razones económicas para evitar más gastos en su mantenimiento. Finalmente, la ordenanza de demolición fue vetada por el intendente Arturo Goyeneche, con el apoyo del presidente Roberto Marcelino Ortiz.
¿Qué simbolizan las cuatro caras del Obelisco?
Cada una de las cuatro caras del Obelisco conmemora un acontecimiento histórico trascendental para la ciudad de Buenos Aires y la Argentina. Estas son: la primera fundación de Buenos Aires en 1536, la segunda fundación de la ciudad en 1580, el primer izamiento de la bandera argentina en Buenos Aires en 1812 (en la antigua iglesia de San Nicolás), y la federalización de Buenos Aires en 1880, que la convirtió en la Capital Federal del país.
Desde su nacimiento, el Obelisco ha sido testigo de innumerables alegrías y tristezas, de hechos memorables y desgraciados. Es la materialización del alma de Buenos Aires, como lo describieron en su inauguración; una ciudad que se empina sobre sí misma para mostrarse al mundo. Hoy, más allá de las polémicas de su origen, el Obelisco se ha consolidado como un emblema inquebrantable, un punto de referencia que, como la Torre Eiffel en París o la Estatua de la Libertad en Nueva York, representa a la ciudad y a sus habitantes en el imaginario colectivo global. Su resistencia a las críticas y al paso del tiempo lo ha convertido en un símbolo de la identidad porteña, un faro de la historia que sigue marcando el pulso de la capital argentina.
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