¿Quién inventó la transtextualidad?

Transtextualidad y el Legado de Cervantes

27/04/2024

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En el vasto universo de la literatura, los textos rara vez existen de forma aislada. Se entrelazan, se citan, se aluden y, en ocasiones, incluso se apropian, creando una compleja red de relaciones que enriquecen su significado y su impacto. Esta danza perpetua entre obras es lo que la teoría literaria moderna ha denominado transtextualidad, un concepto que nos invita a mirar más allá de la superficie de un solo libro para apreciar las infinitas conexiones que lo vinculan con su pasado y su futuro. Paralelamente, la trayectoria de una obra cumbre como el “Quijote” de Miguel de Cervantes nos ofrece un caso de estudio excepcional sobre cómo un texto seminal es constantemente reinterpretado y asimilado a lo largo de los siglos, especialmente por los grandes pensadores y creadores del siglo XIX. Ambos fenómenos, la interconexión textual y la evolución de la recepción crítica, revelan la naturaleza dinámica y viva de la literatura.

¿Qué contribuyó al triunfo de los acercamientos biográficos de Cervantes?
La auténtica obsesión erudita, iniciada ya en el siglo XVIII, por los aspectos biográficos de Cervantes contribuyó, sin duda, como estudió Close 35, al triunfo de ese tipo de acercamientos que desatendía lo propiamente literario y que ostenta su más claro ejemplo en los libros de Díaz de Benjumea 36.
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La Transtextualidad: Un Universo de Conexiones Textuales

La transtextualidad es un término amplio, acuñado por el teórico francés Gérard Genette, para describir todas las relaciones manifiestas o secretas que un texto puede mantener con otros textos. Genette, en su obra fundamental “Palimpsestos: La literatura en segundo grado”, acota este concepto para referirse específicamente a la relación en la que un texto aparece dentro de otro, ya sea mediante citas explícitas, alusiones veladas o, lamentablemente, plagios. Para que exista esta relación transtextual, ambos textos deben estar presentes de alguna manera, directa o indirectamente, en la conciencia del lector o en la estructura misma de la obra.

Tipos de Intertextualidad según Genette

Dentro de la vasta categoría de la transtextualidad, la intertextualidad es quizás la más reconocida y estudiada, y Genette la subdivide en varias formas que ilustran la diversidad de estas conexiones:

  • La Cita Directa: Esta es la forma más explícita y directa de intertextualidad. Implica la inclusión literal de un fragmento, o incluso de un texto completo, de una obra anterior dentro de una nueva. Generalmente, el texto citado se presenta entrecomillado y se menciona la fuente o el autor original. Un ejemplo común y cotidiano de esto es cuando un estudiante incluye las palabras exactas de un experto o una definición académica en su trabajo de investigación, atribuyendo siempre el crédito correspondiente. En la literatura, las citas pueden usarse para evocar un contexto, para apoyar un argumento o para establecer un diálogo con una tradición.
  • La Alusión Sutil: A diferencia de la cita, la alusión no requiere la presencia explícita del texto original. Se basa en la suposición de que el receptor del nuevo texto posee conocimientos o información suficientes sobre las referencias citadas como para reconocerlas sin necesidad de mención explícita del autor, entrecomillados o una reproducción exacta. Este tipo de intertextualidad es omnipresente en la cultura popular, manifestándose como “guiños” o “homenajes” a obras anteriores en películas, series de televisión, canciones o, por supuesto, en la literatura. Aunque el receptor no conozca la referencia previa, el discurso del nuevo texto suele mantener su coherencia, pero se pierde una capa de significado y la intención más profunda del autor. Es un juego entre el creador y el lector cómplice.
  • El Polémico Plagio: Esta es, sin duda, la forma más controvertida y éticamente problemática de intertextualidad, ya que alude a una práctica delictiva. En el plagio, el autor del nuevo texto utiliza palabras, ideas o imágenes de un autor previo sin citarlo, presentándolas como un trabajo propio. Esta apropiación indebida carece de cualquier espíritu de homenaje y, en cambio, busca engañar al público y atribuirse méritos ajenos. Tristemente, los casos de plagio en ámbitos académicos, literarios, cinematográficos o publicitarios son frecuentes y suelen generar gran revuelo, dada la violación de la propiedad intelectual y la ética profesional que implican. La diferencia fundamental con la alusión radica en la intencionalidad: mientras la alusión es un reconocimiento, el plagio es una apropiación.

Estas categorías, aunque distintas, demuestran la constante interconexión de los textos, un diálogo que se extiende a lo largo del tiempo y las culturas, enriqueciendo el panorama literario.

El Quijote en el Corazón del Siglo XIX: Un Legado en Constante Reinterpretación

Si la transtextualidad nos enseña sobre la influencia de unos textos en otros, ningún ejemplo es más elocuente en la literatura española que la recepción de Miguel de Cervantes y su obra cumbre, “Don Quijote de la Mancha”, a lo largo del tiempo. Aunque en el siglo XVIII ya ocupaba un lugar privilegiado en el pensamiento literario, fue en el siglo XIX cuando el Quijote y su autor se adueñaron de un espacio central, convirtiéndose en un objeto continuo de reflexión y debate.

El siglo XIX fue una época de profundos cambios y convulsiones en España, marcada por polémicas y debates ideológicos que permeaban todos los aspectos de la sociedad, incluida la esfera literaria. La proliferación de publicaciones periódicas, prólogos, conferencias y discursos ofreció un vasto escenario para la expresión del pensamiento ensayístico. En este contexto, un giro revolucionario, impulsado por las ideas del Romanticismo, transformó radicalmente la interpretación del Quijote. Se abrieron nuevas vías de aproximación al texto, que dejó de ser visto meramente como una sátira cómica para adquirir dimensiones más profundas y simbólicas.

El Pensamiento de los Grandes Novelistas del XIX sobre Cervantes

Resulta especialmente revelador analizar las ideas sobre Cervantes y su obra plasmadas por los propios creadores literarios de la época. A diferencia de muchos novelistas franceses, los grandes escritores españoles del realismo y el naturalismo de la segunda mitad del siglo XIX, como Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán o Juan Valera, expusieron con frecuencia sus ideas literarias. Para ellos, la obra cervantina no solo fue un modelo que ejerció una poderosa influencia en sus propias creaciones, sino también un objeto constante de sus reflexiones críticas.

La visión neoclásica del Quijote, centrada en su carácter preceptivo, fue progresivamente sustituida por una nueva interpretación romántica que se inclinaba hacia una aproximación histórico-nacionalista. Cervantes y su Quijote fueron elevados a la categoría de obra modélica, una de las principales glorias de las letras españolas. Además, la naturaleza novelesca del Quijote sirvió de estandarte principal en la defensa de un género narrativo cuyo cultivo en España parecía oscurecido por el espectacular despliegue alcanzado en otros países europeos.

La Batalla por la Novela Nacional y la Figura de Cervantes

El declive del género novelístico en España, paradójicamente iniciado en el mismo siglo en que vio la luz el Quijote, se intensificó a lo largo del siglo XVIII. Frente al enorme desarrollo que alcanzó en literaturas como la inglesa o la francesa, entre los escritores españoles del XIX existía una auténtica conciencia de inferioridad. De ahí la idea recurrente de la necesidad de crear una novela nacional autóctona que se liberara del dominio ejercido por las traducciones de los novelistas europeos.

En este contexto, surgió el panegírico de un glorioso pasado literario español, en el que se sostenía que los españoles habían sido pioneros en el cultivo de la novela. Escritores como Ayguals de Izco invocaban la rica tradición novelística nacional, incluyendo no solo obras picarescas, sino también de la tradición idealista, como la novela pastoril, con Cervantes siempre en un lugar preeminente. A diferencia del género picaresco, que en ocasiones recibió reproches (como de Mesonero o Ochoa), la obra cervantina fue unánimemente admirada por todos.

La idea de que los escritores extranjeros habían bebido de las fuentes españolas y que la gran novela europea tenía un origen último hispano se expandió a lo largo del siglo. Esta tesis de la «repatriación» de nuestro propio legado, aunque mediatizada por influencias transpirenaicas, pretendía neutralizar el influjo foráneo y fue perceptible en grandes autores de fin de siglo como Galdós, Pardo Bazán y Valera.

Visiones de los Novelistas sobre el Realismo y Cervantes

NovelistaConcepción del RealismoRelación con Cervantes
Benito Pérez GaldósDefiende la "capacidad de observación" como cualidad arraigada en el espíritu nacional, opuesta a la influencia foránea. El Naturalismo es una "repatriación" del legado español, restaurando el humor cervantino.Cervantes poseía la observación en alto grado. Su "humorismo" es clave para el realismo español.
Emilia Pardo BazánContrasta las orientaciones modernas francesas con el "sano, verdadero y hermoso" "realismo tradicional" español. El Quijote busca "entronizar la realidad".Encarna el realismo tradicional. No inventó la novela realista española (ya existía en La Celestina), pero reanudó la tradición nacional.
Juan ValeraMantiene una actitud apologética de defensa de la nación española y su "fondo castizo permanente". Destaca el "realismo hispánico" de nuestras letras.El Quijote ocupa el primer lugar en el canon español, ejerciendo un influjo profundo en la literatura europea. Su parodia no ataca las ideas caballerescas nobles, sino sus excesos.

Galdós, en su artículo «Observaciones sobre la novela contemporánea» (1870), denunció el abuso de la influencia foránea que anulaba la capacidad de observación, cualidad que veía en Cervantes. Para él, el realismo era un rasgo diferenciador de la tradición literaria española, ligada directamente a Cervantes. Pardo Bazán, en el prólogo de su novela «Un viaje de novios» (1881), sitúa el «realismo tradicional» español, encarnado en La Celestina y El Quijote, frente a las modernas orientaciones francesas. Ella creía que Cervantes buscaba «abatir un ideal quimérico» y «entronizar la realidad», reanudando la tradición nacional al sustituir a los héroes caballerescos por un héroe tan real como el Cid. Valera, por su parte, defendió el glorioso legado novelístico español, con el Quijote como la cumbre.

Más Allá de la Biografía: La Crítica del Cervantismo Decimonónico

A pesar del inmenso prestigio del Quijote, existía una queja recurrente entre los intelectuales del siglo XIX: el mérito de la obra no era reconocido como se debía en España, mientras se traducía en todos los países extranjeros. Esta preocupación llevó a un importante debate sobre la forma en que se abordaba el estudio de Cervantes.

¿Quién inventó la transtextualidad?
El concepto de transtextualidad fue acuñado por el escritor, crítico y teórico literario Gérard Genette en su obra « Palimpsestos: la literatura en segundo grado», publicado en 1982.

Una auténtica obsesión erudita, iniciada ya en el siglo XVIII, por los aspectos biográficos de Cervantes, contribuyó al triunfo de un tipo de acercamiento que desatendía lo propiamente literario. Libros como los de Díaz de Benjumea son un claro ejemplo de este excesivo celo biográfico. Sin embargo, muchas voces, incluidas las de Pereda, Galdós, Pardo Bazán y Valera, reaccionaron contra estas interpretaciones.

  • José María de Pereda: En su artículo «El cervantismo» (1880), denunció el desconocimiento del texto en España y atacó las interpretaciones simbólicas y esotéricas que se habían arraigado.
  • Benito Pérez Galdós: Subrayó la claridad del texto cervantino, que se abría a una recepción mucho más amplia que otras grandes obras literarias.
  • Juan Valera: Fue uno de los más tenaces y persistentes detractores de las lecturas que buscaban significados ocultos o excesivamente biográficos en el Quijote.
  • Emilia Pardo Bazán: Denunció el excesivo celo biográfico que imperaba en el cervantismo de entonces, precisando que lo verdaderamente importante de los textos literarios eran «los rasgos esenciales, la determinación de los valores estéticos, la transcendencia de un libro».
  • Leopoldo Alas «Clarín»: Admirador ferviente de Cervantes, reclamó que la crítica erudita diera paso a otra «más honda, psicológica y estética», lamentando la falta de un auténtico conocimiento del texto.

Estos autores abogaban por una aproximación intrínseca a la obra, centrada en su valor estético y literario, más allá de la mera recopilación de datos biográficos o la búsqueda de significados esotéricos.

Cervantes como Espejo de la Creación Propia: Moral vs. Estética

La relación que los grandes novelistas del siglo XIX establecieron entre sus interpretaciones del Quijote y sus propias creaciones literarias es particularmente significativa. La obra cervantina no solo fue un modelo, sino también un prisma a través del cual estos autores proyectaron y defendieron sus propias concepciones del arte y la literatura.

Un ejemplo claro de esta divergencia de criterios se observa al comparar las ideas de Pedro Antonio de Alarcón con las de Valera y Pardo Bazán. Alarcón, en su «Discurso sobre la moral en el arte» (1877), defendía la finalidad docente y moral de la literatura. Para él, el Quijote, más allá de ser una sátira de los libros de caballerías, era una crítica al egoísmo, la ingratitud y la grosería del vulgo que escarnece a los «generosos paladines». La finalidad moral del texto cervantino era, pues, palmaria para el escritor andaluz.

Sin embargo, ni Valera ni Pardo Bazán compartían esta visión del arte con un propósito moral explícito. Para Pardo Bazán, en el arte le «enamora la enseñanza indirecta que emana de la hermosura», pero aborrecía «las píldoras de moral rebozadas en una capa de oro literario». Un criterio que, según ella, profesó el mismo Cervantes. Valera, enemigo acérrimo del arte docente, defendía que Cervantes solo pretendía crear la hermosura que «levanta el espíritu humano y ejerce un influjo benéfico en la vida». Su concepción de raíz platónica sobre la literatura, que lo lleva a un «realismo depurado», se proyecta en su lectura del Quijote. Valera admiraba la ingénita benevolencia de Cervantes al mostrar aspectos positivos incluso en personajes aparentemente poco atractivos (como Maritornes), una constante también en sus propias criaturas de ficción. Además, se opuso a la confrontación habitual entre Quijote y Sancho, defendiendo la entrañable humanidad de ambos y su complementariedad, y exaltando la risa suave cervantina que «no lastima ni hunde».

Por su parte, Galdós, a lo largo de su dilatada producción novelística, dejó constancia permanente de su interpretación del Quijote como «cuadro y resumen de la vida», en el que veía representadas las dos tendencias cardinales del alma humana. Esta visión, expresada incluso a través de sus personajes, como Gloria, impregnó gran parte de su creación novelística.

En suma, la producción ensayística de estos escritores en torno al Quijote no solo constituye un representativo muestrario de algunas de las visiones más significativas del pensamiento literario del siglo XIX, sino que también nos permite entender la asimilación y la profunda relación del texto con sus propias creaciones literarias. El Quijote se erigió, sin duda, como un modelo fervientemente admirado y la primera de las letras españolas para todos ellos.

Preguntas Frecuentes sobre Transtextualidad y Cervantes

¿Es la intertextualidad lo mismo que la transtextualidad?

No, la intertextualidad es una de las cinco categorías o tipos de transtextualidad definidos por Gérard Genette. La transtextualidad es el término genérico que abarca todas las relaciones que un texto puede mantener con otros, mientras que la intertextualidad se refiere específicamente a la presencia efectiva de un texto dentro de otro (como citas, alusiones o plagios).

¿Por qué fue tan importante el Quijote para los novelistas del siglo XIX?

El Quijote se convirtió en una obra central para los novelistas del siglo XIX porque, impulsado por el Romanticismo, su interpretación adquirió nuevas profundidades simbólicas y filosóficas. Además, sirvió como estandarte para defender y revitalizar el género de la novela en España, en un momento en que se percibía un declive respecto a otras literaturas europeas. Los autores lo vieron como el origen y el modelo del realismo y la observación en la literatura española.

¿Qué se entendía por "realismo" en el contexto cervantino del siglo XIX?

En el siglo XIX, el realismo, en el contexto cervantino, se entendía principalmente como la «capacidad de observación» de la realidad, la representación de la vida tal como es, y la creación de personajes complejos y humanos, en contraste con los ideales quiméricos. Se consideraba una cualidad inherente al espíritu español y a la obra de Cervantes, que debía ser recuperada frente a las influencias foráneas.

¿Qué criticaban los autores del siglo XIX sobre el estudio de Cervantes?

Los autores del siglo XIX criticaban el excesivo celo biográfico en el estudio de Cervantes, que desviaba la atención del valor literario y estético de su obra. Abogaban por una crítica más profunda, psicológica y estética, que se centrara en los rasgos esenciales y la trascendencia de los textos, en lugar de en la mera recopilación de datos biográficos o en interpretaciones esotéricas.

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