15/01/2026
El nombre “El Niño Pez” puede sonar familiar para muchos, pero lo que quizás pocos saben es que se refiere a dos obras de arte completamente diferentes, cada una con su propia historia, su propio mensaje y su propio impacto en el público. Por un lado, nos encontramos con una aclamada película de autor que desafía las convenciones cinematográficas, y por otro, con una conmovedora escultura que se ha convertido en un símbolo querido de una ciudad costera. Acompáñenos en este viaje para desentrañar la singularidad de cada una y apreciar la riqueza de sus respectivas expresiones artísticas.

A menudo, la homonimia puede generar confusión, pero en este caso, nos brinda una oportunidad única para explorar cómo un mismo nombre puede inspirar creaciones tan dispares. Desde la oscuridad intrigante del cine independiente hasta la serenidad contemplativa de la escultura pública, “El Niño Pez” nos invita a reflexionar sobre la diversidad del arte y la profundidad de la narrativa humana, ya sea en celuloide o en bronce. Es hora de distinguir y celebrar estas dos facetas del mismo nombre.
El Niño Pez: La Audaz Película de Lucía Puenzo
Dirigida por la talentosa cineasta argentina Lucía Puenzo, la película “El Niño Pez” se erige como una de las propuestas más originales y atrevidas del cine contemporáneo. No es una obra para los débiles de corazón, sino para aquellos que buscan narrativas que desafíen, que intriguen y que, en ocasiones, incluso perturben. La crítica ha sido unánime en destacar su carácter impredecible y su capacidad para mantener al espectador al borde de su asiento.
Juan Pablo Russo, reconocido crítico del portal Escribiendo Cine, no escatimó en elogios al referirse a ella como una de las películas más impredecibles en mucho tiempo, subrayando su final sorpresivo y un ritmo vertiginoso que la vuelve inherentemente dinámica e intrigante. Esta descripción encapsula perfectamente la experiencia de ver la obra de Puenzo: una montaña rusa emocional y narrativa que se desvía constantemente de las expectativas.
Pero más allá de su ritmo y sus giros, “El Niño Pez” es también una profunda exploración de la feminidad y las relaciones. María José Puente, para la revista Imagofagia, resalta cómo esta película, al igual que la anterior obra de Puenzo, XXY, ofrece una mirada verdaderamente alternativa a las representaciones estereotipadas de la mujer en el cine. Puente profundiza en cómo la película explora lo que sucede cuando una mujer se convierte en el espejo de otra mujer, revelando complejidades y matices que rara vez se ven en pantalla. Esta perspectiva feminista y subversiva es una de las marcas distintivas del trabajo de Puenzo.
Laura Lucchini, escritora de El País, ofrece una de las reseñas más detalladas y vívidas sobre la película. Destaca la sorprendente transformación de la trama, que inicia como un drama romántico para mutar progresivamente en una road movie cargada de temas intensos y a menudo tabú. Entre los tópicos abordados se encuentran el incesto, la corrupción policial, los conflictos generacionales, el inusual entrenamiento de perros y, de manera central y con un secretismo palpable, una relación lésbica. Esta amalgama de temas, entrelazados con maestría, crea una atmósfera densa y malsana, como algunos críticos han señalado, pero innegablemente cautivadora.

La reacción del público en la Berlinale, según Lucchini, fue tan variada como la propia película. Mientras algunas personas, incapaces de procesar la intensidad de la trama o la crudeza de sus temas, optaron por abandonar la sala, al final de la proyección se escuchó un aplauso prolongado, señal de una profunda resonancia con aquellos que se quedaron. Ante las “preguntas crueles” de la audiencia, Puenzo demostró una admirable serenidad y agudeza, respondiendo de manera precisa, completa y, sorprendentemente, divertida, lo que subraya no solo su inteligencia artística sino también su carisma personal.
En cuanto a la “leyenda del niño pez” que se menciona en el contexto de la película, es importante señalar que su inclusión es percibida por algunos críticos como un elemento un tanto forzado, introducido “con calzador”. Su propósito parece ser el de infundir una atmósfera mágica que, sin embargo, contrasta con el aire dominante de malsana irrespirabilidad que impregna la narrativa. A pesar de esta crítica puntual, la habilidad de Puenzo para dirigir y armar la trama es innegable, logrando disimular lo artificioso de ciertos elementos y manteniendo la cohesión de un conjunto complejo.
El Niño Pez: La Emblemática Escultura de Ramón Muriedas
En contraste con la complejidad narrativa del cine de Puenzo, el “Niño Pez” de Santander es una obra de arte visual que emana una serenidad y un simbolismo completamente diferentes. Ubicada en el promontorio de la Playa del Camello, en El Sardinero, Santander, esta delicada escultura de bronce se ha convertido en una de las señas de identidad más queridas de la ciudad cántabra.
Creada en 1979 por el escultor Ramón Muriedas, la figura presenta la silueta frágil y desnuda de un adolescente que se recorta contra el horizonte marino. Con su brazo izquierdo, el niño sostiene un tridente, un atributo que tradicionalmente identifica a Neptuno, el dios romano de los mares. La mayor singularidad de esta escultura reside precisamente en su peculiar enclave: en lo alto de un acantilado, erguido y frente a la inmensidad del mar, la figura parece fundirse con el paisaje, observando eternamente las olas.
La elección de representar a Neptuno, el temido rey de la mitología clásica que gobernaba los mares y las aguas, bajo la forma de un niño, es una decisión artística profundamente significativa. Ramón Muriedas, en una ocasión, afirmó: «todos mis personajes son niños». Esta declaración revela la esencia de su obra y su profunda conexión con la infancia. La escultura del “Niño Pez” fue, de hecho, un encargo de UNICEF, y Muriedas la concibió como un sentido homenaje a la infancia y al mundo onírico que la rodea.

Los niños fueron, sin duda, un tema recurrente y central en la carrera del escultor. Muriedas tenía una habilidad especial para modelar delicadas cabezas infantiles, a las que personalizaba con tocados y complementos de lo más variado, transformándolos con pequeños detalles en el personaje deseado. Esta dedicación a la figura infantil dota al “Niño Pez” de una inocencia y una vulnerabilidad que contrastan con el poder que simboliza el tridente, creando una obra de profunda belleza y significado.
Con el paso de los años, la figura de este rey niño se ha arraigado en el corazón de los santanderinos, convirtiéndose en un verdadero icono local. Sin embargo, el paso del tiempo y algunos actos vandálicos han provocado su deterioro. Actualmente, la escultura se encuentra en plena fase de restauración, un proceso necesario para devolverle su esplendor original y asegurar que pronto sea reintegrada a su lugar de origen, para seguir inspirando a generaciones futuras con su mensaje de inocencia y su conexión con el mar.
Un Nombre, Dos Mundos: Comparación y Diferencias
Aunque comparten el mismo nombre, “El Niño Pez” la película y “El Niño Pez” la escultura son obras de arte fundamentalmente distintas en su forma, propósito y ejecución. A continuación, se presenta una tabla comparativa para resaltar sus principales diferencias:
| Aspecto | “El Niño Pez” (Película) | “El Niño Pez” (Escultura) |
|---|---|---|
| Autor/Director | Lucía Puenzo | Ramón Muriedas |
| Tipo de Obra | Película cinematográfica | Escultura de bronce |
| Año de Creación | (No especificado en el texto, pero posterior a 1979) | 1979 |
| Ubicación/Contexto | Cine (producción argentina, proyección internacional) | Playa del Camello, Santander, España (espacio público) |
| Temática Principal | Drama, misterio, road movie, incesto, corrupción policial, relaciones lésbicas, conflictos generacionales. | Infancia, mitología (Neptuno niño), homenaje a la niñez, conexión con el mar. |
| Recepción del Público | Controversia, aplausos prolongados, abandonos de sala, críticas divididas pero mayormente positivas. | Símbolo local querido, afecto popular, parte de la identidad de la ciudad. |
| Propósito Artístico | Explorar tabúes, desafiar estereotipos, crear un ritmo intrigante y una atmósfera densa. | Homenajear la infancia, evocar la fantasía, embellecer el paisaje urbano, encargo de UNICEF. |
Como se puede apreciar, la única similitud real es el nombre. La película de Lucía Puenzo es una audaz exploración de la oscuridad humana y las complejidades de las relaciones, presentada con un estilo cinematográfico que busca provocar y mantener la tensión. Por otro lado, la escultura de Ramón Muriedas es una obra de arte pública que irradia serenidad, simbolismo y un profundo cariño por la infancia, integrándose de manera armoniosa con el paisaje natural de Santander. Ambas obras, a su manera, son testimonios del poder del arte para conmover, intrigar y dejar una marca duradera.
Preguntas Frecuentes sobre “El Niño Pez”
A raíz de la existencia de estas dos obras distintas que comparten el mismo nombre, es común que surjan dudas. Aquí respondemos a algunas de las preguntas más frecuentes para clarificar la información:
¿Quién es el autor de la película “El Niño Pez”?
La película “El Niño Pez” fue dirigida por la aclamada cineasta argentina Lucía Puenzo. Su obra es reconocida por su estilo audaz y su exploración de temas complejos y a menudo controvertidos.
¿Dónde se encuentra la escultura del “Niño Pez”?
La escultura conocida popularmente como el “Niño Pez” se encuentra en el promontorio de la Playa del Camello, en El Sardinero, Santander, España. Es un punto de referencia y un símbolo icónico de la ciudad.

¿Qué simboliza la escultura del “Niño Pez” en Santander?
La escultura de Ramón Muriedas simboliza principalmente un homenaje a la infancia y al mundo onírico que la rodea. Representa a Neptuno como un niño, lo que añade una capa de inocencia y vulnerabilidad a la figura del dios de los mares. También se ha convertido en una de las señas de identidad más importantes para los santanderinos.
¿Qué temas aborda la película “El Niño Pez” de Lucía Puenzo?
La película “El Niño Pez” aborda una amplia gama de temas intensos y complejos, incluyendo el incesto, la corrupción policial, los conflictos generacionales, el entrenamiento de perros y, de manera central, el secretismo en una relación lésbica. Evoluciona de un drama romántico a una road movie.
¿La leyenda del niño pez es el elemento central de la trama de la película?
Según la crítica, la leyenda del niño pez se introduce en la película para intentar crear una atmósfera mágica. Sin embargo, se percibe como un elemento que se mete “con calzador” y no es el centro dominante de la trama, que está más enfocada en los temas dramáticos y la relación entre los personajes.
En resumen, tanto la película de Lucía Puenzo como la escultura de Ramón Muriedas son obras de arte significativas, cada una en su propio medio y con su propio mensaje. Aunque comparten un nombre, sus mundos son distintos y ofrecen experiencias culturales muy diferentes. La próxima vez que escuche “El Niño Pez”, recordará la riqueza y diversidad que este nombre encierra en el vasto panorama del arte.
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