El Enigma de 'Por donde se sube al cielo'

12/04/2023

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La literatura está llena de tesoros por descubrir, y uno de los más fascinantes en el panorama hispanoamericano es, sin duda, la novela Por donde se sube al cielo de Manuel Gutiérrez Nájera. A menudo, cuando nos acercamos a una obra literaria, una de las primeras curiosidades que surge es su extensión. ¿Cuántas páginas tiene? Es una pregunta natural que busca dimensionar el viaje que estamos a punto de emprender. Sin embargo, en el caso de esta obra singular, la respuesta no es tan sencilla como un número redondo, ya que el texto proporcionado no especifica directamente la cantidad de páginas de la novela en sí, sino de un elemento crucial que la acompaña: el prólogo de Belem Clark de Lara, que se extiende a lo largo de 121 páginas. Esta particularidad ya nos da una pista sobre la complejidad y la importancia que rodea a este redescubrimiento, una obra que, a pesar de las lagunas en su publicación original, ha sido reconocida como un hito fundamental en la historia de la narrativa.

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El auditorio de 134,333 oyentes atentos y ansiosos de oír cada palabra fué grandemente conmovido a la conclusión cuando el hermano Knorr presentó un libro de 384 páginas hermosamente encuadernado en tela azul, una nueva ayuda para estudio, intitulado “ New Heavens and a New Earth ” (“ Nuevos cielos y una tierra nueva ”).

Este artículo se adentrará en la relevancia de Por donde se sube al cielo, explorando no solo su significado como la primera novela modernista hispanoamericana, sino también la figura de su autor, Manuel Gutiérrez Nájera, un escritor multifacético y visionario cuya obra sigue sorprendiendo y revelando nuevas capas de significado más de un siglo después de su muerte.

Índice de Contenido

Manuel Gutiérrez Nájera: El Fundador de lo Moderno Decimonónico

Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895) es una figura central y a menudo subestimada de la literatura mexicana del siglo XIX. Fue necesario esperar hasta el año 2000 para que su verdadero calibre fuera plenamente reconocido, transformándose en el indiscutible mejor escritor mexicano de su siglo. Con la perspectiva del nuevo milenio, el término “decimonónico” dejó de ser peyorativo para adquirir una connotación de antigüedad clásica. En este contexto, Gutiérrez Nájera emerge como el auténtico fundador de lo moderno en México, una distinción que lo separa de lo meramente contemporáneo o actual.

La revitalización de su legado se debe en gran parte a recientes descubrimientos y publicaciones que han trascendido el ámbito universitario. Su prolífica actividad, a pesar de una vida corta, se extendió a lo largo de veinte años, durante los cuales firmó con más de treinta seudónimos. El profesor Erwin Kempton Mapes de la Universidad de Iowa microfilmó 2,100 de sus textos entre 1936 y 1958, un material invaluable que la Universidad Nacional Autónoma de México comenzó a publicar en 1959 bajo el título de Obras. Estos volúmenes, que aún hoy se siguen completando, revelan no uno, sino muchos Gutiérrez Nájera que la historia literaria aún no había desentrañado, a pesar de que en vida solo publicó un libro, Cuentos frágiles, antes de cumplir los 24 años.

"Por donde se sube al cielo": Un Hito Narrativo Inesperado

El descubrimiento de Por donde se sube al cielo por Belem Clark de Lara en el folletín de El Noticioso en 1882 es, sin duda, la aportación más significativa a la revalorización de Gutiérrez Nájera. Esta obra no es solo la única novela conocida de su autor, sino que ostenta el título de la primera novela modernista hispanoamericana, adelantándose a Amistad funesta de José Martí, publicada en 1885. Su importancia se magnifica al ser también la primera narración mexicana ambientada en un París imaginario, un elemento que precede en seis años a los célebres cuentos de Rubén Darío en Azul.

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En el estado en que se encuentra (falta una entrega que acaso no llegó a escribir) Por donde se sube al cielo es, señala Belem Clark de Lara en un prólogo que se vuelve un libro de 121 páginas, un anticipo de la narrativa futura con su empleo de juegos temporales, monólogo interior y final abierto.

Lo más asombroso de esta novela, incluso en su estado fragmentado (se señala que le falta una entrega que acaso no llegó a escribir), es su carácter profético y vanguardista. Belem Clark de Lara, en su extenso prólogo de 121 páginas, destaca que Por donde se sube al cielo es un anticipo de la narrativa futura. En sus páginas, el lector se encuentra con un uso innovador de juegos temporales, la presencia de un monólogo interior y un final abierto, elementos que no eran comunes en la literatura de la época. La prosa de esta obra es tan excepcional que, según el texto, “no admite comparación con nada de lo que se escribía por entonces en México”, lo que subraya el genio precoz de Gutiérrez Nájera, quien la publicó a la temprana edad de 22 años.

Cabe destacar que partes de esta novela ya habían sido publicadas por Erwin Kempton Mapes en los Cuentos completos de 1958, bajo los títulos “Monólogo de Magda” y “El sueño de Magda”. Esto sugiere un frecuente reciclaje textual por parte del autor, una práctica que evidencia su incesante búsqueda y experimentación con las formas literarias.

El Contexto Modernista y la Importancia de la Crónica

El modernismo hispanoamericano, lejos de ser un movimiento de rivalidades nacionales, fue un ejemplo de amistad y colaboración entre sus fundadores. Julián del Casal, Manuel Gutiérrez Nájera, José Martí y José Asunción Silva, aunque a menudo llamados “precursores”, son en realidad los auténticos iniciadores de esta corriente literaria. Todos ellos fallecieron antes de 1896, año en que apareció Prosas profanas de Rubén Darío, el libro que consolidaría el modernismo y recogería lo mejor de sus predecesores.

Gracias a las investigaciones de Ivan Schulman, Manuel Pedro González, Ángel Rama, Aníbal González y Susana Rothker, hoy sabemos que el modernismo no nació en el verso, sino en la prosa, específicamente en las crónicas escritas para los diarios mexicanos por un joven Martí y un adolescente Gutiérrez Nájera. La crónica, un género considerado hasta los años sesenta como un mero pasatiempo para poetas, se revela ahora como un pilar fundamental del modernismo. En manos de estos grandes escritores, la crónica, esa “prosa de prisa” y “literatura de urgencia” destinada a ser consumida y olvidada, adquirió un valor estético y un interés duradero que a menudo superó a las novelas y dramas de su tiempo. Esta semejanza entre la obra de Gutiérrez Nájera y la vibrante Ciudad de México, su “verdadera novia”, es un reflejo de cómo su escritura capturó la esencia de su época.

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En el estado en que se encuentra (falta una entrega que acaso no llegó a escribir) Por donde se sube al cielo es, señala Belem Clark de Lara en un prólogo que se vuelve un libro de 121 páginas, un anticipo de la narrativa futura con su empleo de juegos temporales, monólogo interior y final abierto.

El Cronista Frente al "Repórter": Un Conflicto de Épocas

La exquisita “voluntad de estilo” y la “escritura artística” que hacen tan legibles y disfrutables las crónicas de Gutiérrez Nájera fueron, paradójicamente, también el motivo de su ocaso temporal. El autor murió poco antes de que El Imparcial inaugurara en México un periodismo “gangsteril e industrializado”, marcado por la figura del “repórter” (término que aún no se castellanizaba). Este nuevo periodismo, más invasivo y sensacionalista, creó un ámbito hostil para los poetas que hasta entonces habían encontrado en la prensa su principal vía de expresión y subsistencia.

Gutiérrez Nájera fue testigo de cómo los “repórters” ascendían mientras los escritores descendían, desrespetando la vida privada y transformando el periódico en un lugar donde lo “literario” era considerado no “periodístico”. Este contraste culminó a mediados del siglo XX, cuando la radio y la televisión tomaron el control de las noticias. Sin embargo, esta evolución trajo consigo una recuperación inesperada de la “literaturidad” en el periodismo, dando origen al New Journalism y, por rebote, permitiendo una nueva y fresca lectura de autores como Martí y Gutiérrez Nájera. Lo antiguo se volvió nuevo, y lo nuevo, obsoleto.

Un ejemplo de esta transformación es la creación de la “nota roja” por Manuel Caballero, quien introdujo el reporterismo en México. Su anuncio del asesinato del general Ramón Corona con una plana donde chorreaba sangre a color la mano del asesino fue un punto de inflexión. Curiosamente, Caballero, en 1907, resucitó El Imparcial para combatir el modernismo, hallando simpatizantes como Ramón López Velarde. No obstante, la juventud literaria de la época, encabezada por Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña, se levantó en defensa de Gutiérrez Nájera, marcando la primera protesta callejera en la capital desde el ascenso de Porfirio Díaz al poder. Este episodio subraya la profunda influencia y la polarización que la obra de Nájera generó en su tiempo.

Un Agudo Crítico Social y el Misterio de su Vida

Contrario al estereotipo que lo encasilló como un autor “afrancesado” y “evasionista”, la investigación moderna ha revelado a Manuel Gutiérrez Nájera como un agudo crítico social. Un ejemplo notable de su perspicacia se encuentra en su análisis del primer Tratado de Libre Comercio de 1881. Nájera advirtió con sorprendente lucidez que el dólar sería más poderoso que los ejércitos, y que los capitales norteamericanos, aunque indispensables, si no eran regulados, terminarían adueñándose del país. Anticipó una avalancha de productos extranjeros que inundaría los mercados mexicanos, asfixiando los productos locales incapaces de competir en precio.

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Pero cuando le detalló pormenores, aceptó la veracidad de la historia y escribió el libro de 163 páginas “El cielo es real” (Heaven is for real), que al poco tiempo se convirtió en un best seller. La publicación es de noviembre de 2010, logró más de 10 millones de ejemplares y se tradujo a casi 35 idiomas.

La vida de Gutiérrez Nájera está llena de misterios. A pesar de su pertenencia a la élite social (su padrino de bautismo fue José Yves Limantour y estaba bien relacionado con la oligarquía porfiriana), fue un asalariado, víctima de una sobreexplotación que se cree contribuyó a su temprana muerte. Es un enigma por qué no se le concedió un puesto diplomático que le permitiera conocer su anhelado París, o una remuneración periodística acorde con su talento. Las causas de su muerte son objeto de especulación: ¿exceso de trabajo, alcoholismo, o la versión oficial de una enfermedad aristocrática, la hemofilia? Él, un “aristócrata en harapos”, un dandy que solo alcanzó el dandismo en el estilo, se salvó de ser un mero catrín gracias a su inteligencia y destreza verbal. La Dra. Clark sugiere que se dejó morir por desesperanza, al ver cómo el Porfiriato perdía sus raíces mexicanas y se convertía en un mero intermediario del capitalismo internacional.

Pseudónimos y Heterónimos: La Pluralidad de un Genio

La complejidad de la identidad literaria de Gutiérrez Nájera se manifiesta en el uso de sus múltiples seudónimos. Yolanda Bache Cortés sugiere que estos no eran meros pseudónimos, sino heterónimos, al igual que Fernando Pessoa se desdobló en Alberto Caeiro o Álvaro de Campos. Así, El Duque Job, Recamier, Puck y Monsieur Cancán son expresiones de una pluralidad de escritores en un solo hombre. Esta riqueza de voces está magníficamente representada en antologías como la de Rafael Pérez Gay, que incluye textos desconocidos y un excelente estudio preliminar que vincula a Nájera con su época porfiriana y con la Ciudad de México, su cuna, escuela, ámbito, harén, hospital, escritorio y tumba.

Sus crónicas, a menudo disfrazadas de cuentos y viceversa, cubrían un vasto espectro, desde la vida en México hasta crónicas de colores y cartas de Junius. Sus escasos viajes a Guanajuato, Puebla, Toluca, Jalapa y Cuernavaca eran para él “tierras exóticas”, considerando “el extranjero” todo lo que estaba más allá de Palacio Nacional o el Castillo de Chapultepec. Gutiérrez Nájera fue un periodista en el sentido de Mariano José de Larra, y como él, merece figurar entre los clásicos de la prosa española.

Preguntas Frecuentes

  • ¿Cuántas páginas tiene el libro Por donde se sube al cielo?
    El texto proporcionado no especifica el número de páginas de la novela completa. Sin embargo, menciona que el prólogo de Belem Clark de Lara para esta obra tiene 121 páginas.
  • ¿Quién es el autor de Por donde se sube al cielo?
    El autor es Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895), un destacado escritor mexicano del siglo XIX.
  • ¿Por qué es importante Por donde se sube al cielo?
    Es considerada la primera novela modernista hispanoamericana y la primera narración mexicana ambientada en un París imaginario. Se destaca por su prosa innovadora, con juegos temporales, monólogo interior y final abierto, anticipando técnicas narrativas futuras.
  • ¿Cuándo se publicó Por donde se sube al cielo?
    Fue publicada originalmente en 1882 en el folletín de El Noticioso.
  • ¿Qué es el modernismo hispanoamericano?
    Fue un movimiento literario que surgió a finales del siglo XIX, caracterizado por la búsqueda de la belleza, la renovación del lenguaje y la incorporación de elementos exóticos y cosmopolitas. Manuel Gutiérrez Nájera fue uno de sus fundadores.
  • ¿Qué relación tiene Manuel Gutiérrez Nájera con la crónica?
    Fue un cronista prolífico y uno de los fundadores del modernismo a través de sus crónicas periodísticas. Elevó este género, considerado menor, a un alto valor estético.

El Legado Imperecedero de un Visionario

Manuel Gutiérrez Nájera, a pesar de su temprana muerte y el temor de haber sido efímero, dejó un legado imperecedero. Si él pensó que los pasajeros en tránsito éramos nosotros, condenados a desaparecer antes de que se publicaran sus Obras completas, la realidad ha demostrado lo contrario. Su figura y su obra, especialmente Por donde se sube al cielo, continúan siendo objeto de estudio y admiración, revelando nuevas facetas de su genio. La poesía mexicana del último siglo, según se afirma, nació del enlace imposible entre Manuel y Marie, la musa de su célebre poema “La Duquesa Job”. Esta figura, más que una grisette o una cortesana, es la silueta del deseo inalcanzable que sigue resonando en la poesía mexicana, un vals sin fin que no se extingue, demostrando la permanente influencia de un autor que supo capturar la esencia de su tiempo y anticipar el futuro de la literatura.

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