06/12/2023
La historia del libro es un vasto océano de conocimiento, donde cada volumen es una isla con su propia narrativa. Sin embargo, una de las facetas más intrincadas y, a menudo, subestimadas de esta disciplina es la clasificación de los libros por materias. A primera vista, podría parecer una tarea sencilla: un libro de historia va en historia, uno de ciencia en ciencia. Pero, como demuestran los expertos, la realidad es mucho más matizada y compleja, especialmente cuando se mira a través del prisma del tiempo.

La dificultad radica en la naturaleza cambiante del conocimiento y en la subjetividad inherente a la categorización. Lo que hoy consideramos una disciplina bien definida, en el pasado pudo haber estado entrelazado con otras áreas del saber. Esta interconexión, sumada a la perspectiva personal del creador de la obra, convierte la clasificación en un verdadero desafío para historiadores y bibliógrafos.
La Intrincada Naturaleza de la Clasificación Histórica
La afirmación de que la separación por materias es la faceta más compleja de la Historia del libro no es una exageración. Se debe a que los límites entre las disciplinas no siempre han sido tan claros como lo son en la actualidad. En épocas pasadas, el conocimiento se percibía de manera más holística, y un solo autor podía abarcar temas que hoy dividiríamos en múltiples campos de estudio. Esto significa que la asignación de una categoría a un libro antiguo a menudo implica una interpretación, que puede variar significativamente.
Tomemos, por ejemplo, los casos que ilustran esta complejidad: la Historia de Santo Domingo. ¿Debería clasificarse como un libro de religión, dado que trata sobre un santo y la vida eclesiástica, o como un libro de historia, ya que narra eventos y biografías en un contexto temporal? La respuesta no es sencilla, y ambas clasificaciones podrían ser válidas dependiendo del enfoque del investigador o del propósito de la colección. Podría ser una hagiografía (biografía de santos), una crónica monástica, o incluso una fuente para la historia social o política de un período.
Otro ejemplo paradigmático es la Historia Natural de Plinio el Viejo. Para muchos, es una obra fundamental de la ciencia antigua, un compendio enciclopédico de conocimientos sobre el mundo natural. Sin embargo, para otros, es un clásico de la literatura romana, valorado por su prosa y su influencia cultural. También contiene elementos de filosofía, geografía e incluso anécdotas curiosas que podrían encajar en otras categorías. La elección de clasificarla como “ciencia” o “clásico” no solo depende de su contenido, sino también del “modo de pensar del autor” (en este caso, el clasificador moderno) y de la intención con la que se aborda la obra.
El 'Modo de Pensar del Autor' y su Legado en la Clasificación
La frase “los datos, pues, deben ser considerados como una aproximación dependiente del modo de pensar del autor” es crucial. No se refiere al autor del libro, sino al autor de la clasificación, es decir, al historiador, al bibliotecario o al estudioso que intenta categorizar la obra. La perspectiva de quien clasifica, sus propios conocimientos, prejuicios y el contexto cultural en el que opera, influyen directamente en cómo se asignan las materias.

En la antigüedad y la Edad Media, las bibliotecas y colecciones a menudo se organizaban de maneras que hoy nos parecerían extrañas. Podían clasificarse por formato (rollos, códices), por tamaño, por el nombre del donante, por la persona a la que iba dedicado el texto, o incluso por la disciplina a la que se adscribía el copista o el lector principal. La idea de una clasificación universal y objetiva por “materia” es relativamente moderna, emergiendo con la expansión de la imprenta y la necesidad de gestionar volúmenes cada vez mayores de información.
Esto presenta un desafío único para los historiadores del libro: ¿cómo podemos aplicar nuestras categorías modernas a obras que fueron concebidas y utilizadas bajo un sistema de pensamiento diferente? La respuesta es que debemos ser conscientes de esta discrepancia y adoptar una aproximación flexible, reconociendo la multidisciplinaridad inherente a muchos textos históricos.
Desafíos y Consideraciones para el Historiador del Libro
La tarea de clasificar libros antiguos es un ejercicio de interpretación constante. Los historiadores no solo deben entender el contenido de un libro, sino también su contexto de producción, su recepción original y cómo su significado ha evolucionado a lo largo del tiempo. Esto implica:
- Ambigüedad inherente: Muchos textos antiguos no encajan perfectamente en una única categoría moderna. Por ejemplo, un tratado médico medieval podría incluir oraciones y referencias astrológicas, difuminando las líneas entre ciencia, religión y superstición.
- Evolución de las disciplinas: Lo que hoy es “física” o “química” eran parte de la “filosofía natural” en el pasado. La “psicología” estaba ligada a la filosofía y la teología. Entender cómo se concebían las disciplinas en cada época es vital.
- Propósito del texto: Un libro que hoy consideramos una obra literaria, en su tiempo pudo haber sido un texto didáctico o moral. Un manual de agricultura podría contener consejos sobre la salud familiar o la gestión del hogar, trascendiendo lo puramente agronómico.
- Intención del clasificador: El sistema de clasificación utilizado por una biblioteca o un bibliógrafo refleja sus propias prioridades y el entendimiento del conocimiento en un momento dado. Un bibliotecario del siglo XVIII podría clasificar una obra de botánica bajo “medicina” o “agricultura”, mientras que uno moderno la pondría bajo “ciencias naturales” o “biología”.
Para ilustrar mejor esta complejidad, consideremos una tabla comparativa de cómo ciertas obras podrían ser categorizadas bajo diferentes perspectivas:
| Obra Histórica | Clasificación Moderna Común | Clasificación Histórica Posible | Razones de la Ambigüedad |
|---|---|---|---|
| Historia de Santo Domingo | Religión, Historia Eclesiástica | Vidas de Santos, Crónica, Historia | Narra eventos religiosos y biográficos en un marco histórico; puede servir para estudios teológicos o históricos. |
| Historia Natural de Plinio | Ciencias Naturales, Enciclopedia | Clásico, Filosofía Natural, Compendio | Obra fundacional de la ciencia, pero también un texto literario y una recopilación de saberes de su época. |
| Tratados de Alquimia | Historia de la Ciencia, Ocultismo | Filosofía Natural, Química Primitiva, Ars | Mezcla de experimentación, misticismo y filosofía; precursora de la química moderna, pero con elementos esotéricos. |
| Diarios de Viaje (Ej. Marco Polo) | Geografía, Historia, Literatura | Crónica de Viajes, Descripción de Tierras | Ofrece datos geográficos e históricos, pero también es una narrativa personal con valor literario y cultural. |
| Manuales de Cortesanía | Historia Social, Sociología | Moral, Educación, Comportamiento | Instrucciones sobre etiqueta y moralidad; reflejo de las costumbres y valores de una época. |
Esta tabla subraya que la clasificación no es un acto neutral, sino una interpretación que revela tanto sobre el objeto clasificado como sobre el sistema de clasificación empleado.
Preguntas Frecuentes sobre la Separación por Materias en la Historia del Libro
- ¿Por qué es tan difícil clasificar libros antiguos por materia?
- La dificultad radica en que las disciplinas del conocimiento no estaban tan fragmentadas o definidas en el pasado como lo están hoy. Muchos textos abordaban múltiples temas que ahora separaríamos, y la intención original del autor o el contexto cultural de la época influían en cómo se percibía la obra.
- ¿Cómo afecta la clasificación a la investigación histórica?
- Afecta significativamente. Si un historiador busca información sobre “ciencia” en el siglo XVI, podría perderse obras cruciales clasificadas en ese momento como “filosofía natural” o incluso “teología”. Requiere que los investigadores piensen más allá de las categorías modernas y exploren colecciones de manera más amplia.
- ¿Existían sistemas de clasificación en las bibliotecas antiguas?
- Sí, existían, pero eran muy diferentes a los actuales. Las bibliotecas antiguas podían clasificar libros por tamaño, formato (rollos vs. códices), por el nombre del autor, por el donante de la obra, o por categorías muy generales como “poesía”, “historia” o “filosofía”, que a menudo abarcaban subgéneros que hoy separaríamos.
- ¿La intención del autor es lo único que importa para la clasificación?
- No es lo único, y a menudo es difícil de determinar con exactitud. La intención del autor es importante, pero también lo es la recepción de la obra, su uso a lo largo del tiempo y, crucialmente, el “modo de pensar” del clasificador actual, que aplica sus propias categorías y comprensión del mundo.
- ¿Cómo se aborda esta complejidad en las bibliotecas y archivos modernos?
- Las bibliotecas y archivos modernos utilizan sistemas de clasificación estandarizados (como la Clasificación Decimal Dewey o la Biblioteca del Congreso) que intentan ser lo más exhaustivos y objetivos posible. Sin embargo, para los fondos antiguos, a menudo se utilizan múltiples puntos de acceso (por autor, título, palabras clave temáticas) y se reconoce la naturaleza híbrida de muchas obras, permitiendo que un libro aparezca bajo varias categorías relevantes.
En conclusión, la separación por materias en la historia del libro es una disciplina que va más allá de la simple organización. Es un reflejo de cómo la humanidad ha conceptualizado y ordenado el conocimiento a lo largo del tiempo. Reconocer su complejidad no solo nos ayuda a comprender mejor el pasado bibliográfico, sino que también nos invita a reflexionar sobre la relatividad de nuestras propias categorías de pensamiento. Cada libro es un universo, y su clasificación es una lente a través de la cual intentamos descifrarlo, siempre conscientes de que la verdad completa puede residir en múltiples perspectivas.
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