28/04/2024
La historia, a menudo, parece tener una forma peculiar de repetirse, y las crisis sanitarias no son la excepción. Aunque han pasado 135 años desde que una devastadora epidemia de cólera asoló España en 1885, los ecos de aquella experiencia resuenan con inquietante familiaridad en el presente. Aquel brote, que se manifestó con particular virulencia en ciudades costeras antes de extenderse al interior, dejó una profunda cicatriz en la sociedad, revelando no solo la fragilidad humana ante la enfermedad, sino también las complejidades políticas y sociales que emergen cuando un virus pone en jaque la normalidad.

En aquel contexto de incertidumbre y miedo, surgió una obra fundamental que buscaba compilar y divulgar el conocimiento disponible sobre la enfermedad y las medidas para combatirla. El artífice de este extenso y crucial documento fue José Montero y Vidal, quien en el mismo año 1885 publicó un libro que se convertiría en una referencia esencial para la época. Esta obra no solo recogía información detallada sobre el cólera, sino también la normativa y las directrices sanitarias aprobadas por la Junta General de Sanidad, ofreciendo una guía vital en un momento de crisis sin precedentes. Su publicación fue un intento de ordenar el caos informativo y proporcionar a la población herramientas para reconocer y, en la medida de lo posible, prevenir la propagación de la enfermedad.
El Libro de Montero y Vidal: Una Guía Esencial en Tiempos de Cólera
El libro de José Montero y Vidal, publicado en 1885, se erigió como un faro de información en medio de la oscuridad de la epidemia. Su contenido era exhaustivo y práctico, diseñado para educar tanto a las autoridades como a la ciudadanía. Entre los aspectos más relevantes que abordaba, se encontraba una descripción minuciosa de los síntomas oficiales del cólera, permitiendo a los ciudadanos identificar la enfermedad. Estos incluían "Malestar general, debilidad suma, dolores contusivos en los miembros, ansiedad en la región del estómago, ruido de tripas, vómitos y diarrea de color blanquecino que apenas mancha la ropa, supresión de orina, apagamiento de la voz, descomposición del semblante, color azulado de la piel, rápido enflaquecimiento, frío y calambres".
Más allá de la sintomatología, Vidal también profundizaba en las causas y en las medidas preventivas. En su obra, se destacaba que "el cólera ataca principalmente á las clases más necesitadas", una observación que ponía de manifiesto la conexión entre la enfermedad y las condiciones socioeconómicas. Para prevenir su avance, el autor recomendaba "evitar la aglomeración de personas en barrios ó habitaciones reducidas, el abandono de la higiene pública y privada, y la alimentación insuficiente o malsana". Estas recomendaciones subrayaban la importancia de la salubridad y la equidad en la lucha contra la epidemia. La obra de Vidal no solo era un registro de hechos, sino también un llamado a la acción social y sanitaria, enfatizando que la extinción de los focos de infección y el saneamiento de los lugares propicios para la proliferación de gérmenes eran cruciales para "atenuar los estragos que una epidemia lleva consigo".
Madrid Bajo el Asedio del Cólera: Negación y Desigualdad
La llegada del cólera a Madrid en mayo de 1885 fue un reflejo de los desafíos que enfrentaba la capital. Aunque el virus entró en España por una ciudad costera, tardó algunos meses en alcanzar Madrid. Inicialmente, la enfermedad fue minimizada y se la denominó el "cólico madrileño", una supuesta afección intestinal curable con síntomas similares al cólera. Esta minimización, según el historiador Luis Díaz Simón en su obra El cólera de 1885 en Madrid: catástrofe sanitaria y conflicto social en la ciudad epidemiada, fue impulsada por los comerciantes, quienes temían la ruina económica tras una declaración oficial de la epidemia.
La declaración oficial de pandemia no llegó hasta junio, casi un mes después de los primeros casos. El Gobierno conservador de Cánovas del Castillo, presionado por la Unión Mercantil de Madrid (la patronal más importante de la ciudad), se resistió a tomar esta medida, como explica el historiador Borja de Riquer. La oposición, liderada por Práxedes Mateo Sagasta, aprovechó la polémica para atacar al Gobierno, negando la existencia de un peligro real de cólera en Madrid. Este escenario de negación y conflicto político exacerbó la vulnerabilidad de la población, especialmente en los barrios del sur de la capital.
La epidemia mostró su peor cara en los barrios más humildes de Madrid, como La Latina e Inclusa, que quintuplicaban las tasas de contagio del resto de la provincia. Mientras la provincia de Madrid registró un índice de contagios de 5,98 por cada 1.000 habitantes, estos barrios del sur alcanzaron tasas de hasta 32 por 1.000, cifras similares a las de las provincias más afectadas como Zaragoza, Teruel y Valencia. Díaz Simón observa que "mientras el cólera se ensañó sin tregua sobre las barriadas pobres de la capital, donde la epidemia no hizo sino exacerbar las elevadas cifras de morbilidad y mortalidad que éstas presentaban habitualmente, en los barrios acomodados, donde existían mejores condiciones de salubridad y sus habitantes gozaban mayoritariamente de una mejor posición, el vecindario resultó ser casi inmune a la epidemia". Esta cruda realidad puso de manifiesto las profundas desigualdades sociales y sanitarias de la época.

Medidas Polémicas y la Resistencia Ciudadana
En un intento por frenar el avance de la enfermedad, se implementaron medidas sanitarias que, aunque necesarias, generaron considerable polémica y resistencia. Las brigadas de desinfección acudían a las calles y casas de las zonas más afectadas para fumigar con cloruro de cal y otras soluciones químicas. Estas operaciones dejaban un olor desagradable que podía persistir durante semanas, provocando las protestas de los habitantes de aquellos barrios. Los diarios de la época, como El Siglo Futuro, recogían el descontento: "Los acogen con silbas y protestas y dicen que no quieren polvos ni que se les apeste con ellos".
Uno de los incidentes más destacados ocurrió en la plazuela de San Ildefonso, donde la alarma por la epidemia había provocado una subida de precios en los alimentos y desabastecimiento de productos de primera necesidad. Cuando los fumigadores llegaron con sus desinfectantes y pulverizadores, los comerciantes los recibieron a gritos: "¡Que se lo echen al gobernador! ¡Eso es para matar a los pobres! ¡Nos quieren matar con polvos como chinches! ¡Aquí no entran!". Aunque los comerciantes lograron frenar la operación en ese momento, la desinfección se llevó a cabo horas más tarde, con la plazuela vacía, como documenta la obra de Díaz Simón.
Las medidas de aislamiento para los afectados tampoco fueron muy seguidas y resultaron poco efectivas, provocando la dimisión del ministro de la Gobernación, Francisco Romero Robledo, quien fue sustituido por Fernández Villaverde. Además, la ciudad destinó un hospital especial para los enfermos de cólera, conocido como la Casa especial de Socorro de Vallehermoso, en un esfuerzo por contener la propagación y ofrecer atención médica especializada.
Estas medidas, la polémica que generaron e incluso las manifestaciones de "negacionistas" de la época, guardan un sorprendente parecido con los debates y reacciones observados en pandemias más recientes, como señaló el médico José María Loreda en un hilo de Twitter, destacando las similitudes con el pandémico año 2020. La historia, una vez más, nos muestra cómo las respuestas humanas a las crisis sanitarias, incluyendo la desconfianza, la politización y la resistencia a las medidas impopulares, son patrones recurrentes.
La epidemia de cólera de 1885 no solo dejó miles de muertos y un rastro de sufrimiento, sino que también expuso las grietas sociales y políticas de la España de la Restauración. La culpabilización de los pobres de los "barrios bajos" por la extensión de la epidemia, la lucha entre Gobierno y oposición a cuenta del virus, y la caída del turismo y el comercio, son todos elementos que resuenan con las experiencias de crisis sanitarias más recientes. Aunque Madrid no fue la provincia con más muertos, las cifras en sus barrios del sur eran alarmantes, reflejando una vez más que las enfermedades suelen ensañarse con mayor crudeza en las poblaciones más vulnerables.
Aquel brote de cólera se dio por zanjado en octubre en Madrid y fue la última gran epidemia de esta enfermedad en España. Sin embargo, el país sería asolado por otras infecciones a lo largo de la historia: la gripe, el sarampión, el sida, el ébola, entre otras. Cada una de ellas, aunque distinta en su naturaleza, ha dejado lecciones sobre la importancia de la salud pública, la equidad social y la capacidad de adaptación de las sociedades. La experiencia de 1885, documentada por figuras como José Montero y Vidal, sigue siendo un recordatorio de que, si bien los virus cambian, muchos de los desafíos que presentan y las respuestas humanas que provocan, permanecen constantes.
Tabla Comparativa de Tasas de Mortalidad por Cólera (1885)
| Ubicación | Defunciones por cada 1.000 habitantes | Observaciones |
|---|---|---|
| Provincia de Madrid | 5.98 | Tasa general de la provincia. |
| Barrio La Latina (Madrid) | Hasta 32 | Significativamente más alta que la media provincial. |
| Barrio Inclusa (Madrid) | Hasta 32 | Significativamente más alta que la media provincial. |
| Zaragoza | Alta | Una de las provincias más afectadas. |
| Teruel | Alta | Una de las provincias más afectadas. |
| Valencia | Alta | Una de las provincias más afectadas. |
Fuente: Datos basados en la epidemia de cólera asiático de 1885, según Luis Díaz Simón.
Preguntas Frecuentes sobre la Epidemia de Cólera de 1885
- ¿Quién creó el libro clave sobre la enfermedad del cólera en 1885?
- El extenso libro sobre la enfermedad, que recogía toda la información y normativa sanitaria de la época, fue publicado por José Montero y Vidal en el mismo año 1885.
- ¿Cuáles eran los síntomas oficiales del cólera según el libro de Montero y Vidal?
- El libro de Vidal detallaba síntomas como malestar general, debilidad extrema, dolores musculares, ansiedad estomacal, vómitos y diarrea blanquecina, supresión de orina, voz apagada, descomposición del semblante, piel azulada, enflaquecimiento rápido, frío y calambres.
- ¿Cómo se minimizó inicialmente la enfermedad en Madrid?
- Al principio, la enfermedad se minimizó y se la denominó "cólico madrileño", una supuesta afección intestinal curable. Esta minimización fue impulsada en parte por los comerciantes, quienes temían el impacto económico de una declaración oficial de epidemia.
- ¿Qué medidas polémicas se tomaron para combatir el cólera en Madrid?
- Entre las medidas más polémicas estuvieron las brigadas de desinfección, que fumigaban calles y casas con cloruro de cal, provocando protestas por el olor persistente. También hubo controversia en torno a las medidas de aislamiento y la politización de la crisis.
- ¿Qué barrios de Madrid fueron los más afectados por la epidemia?
- Los barrios del sur de la capital, como La Latina e Inclusa, fueron los más afectados, quintuplicando las tasas de contagio del resto de la provincia y mostrando cifras de mortalidad similares a las de las provincias más golpeadas por la epidemia.
- ¿Existieron "negacionistas" de la epidemia en 1885?
- Sí, el texto menciona que las medidas generaron polémica e incluso manifestaciones de "negacionistas", con paralelismos con el año 2020, como explicó el médico José María Loreda. La oposición política también minimizó el peligro inicial del cólera.
- ¿Fue el cólera de 1885 la última gran epidemia en España?
- El brote de cólera de 1885 fue la última gran epidemia de esta enfermedad en España. Sin embargo, el país ha sido asolado por otras infecciones posteriormente, como la gripe, el sarampión, el sida y el ébola.
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