¿Por qué es importante leer los clásicos de la literatura?

El Poder Atemporal de los Libros Clásicos

16/01/2025

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En el vasto universo de la literatura, hay un rincón especial reservado para aquellos libros que, a pesar del paso de los siglos, continúan resonando con una fuerza inquebrantable en el espíritu humano: los clásicos. Estas obras, verdaderos pilares de la cultura, trascienden modas y generaciones, ofreciendo una ventana a la condición humana, a las ideas que han moldeado civilizaciones y a la belleza del lenguaje en su máxima expresión. Pero, ¿cómo nos acercamos a estos gigantes literarios en un mundo de constante cambio y novedades? ¿Y por qué deberíamos hacerlo, cuando la oferta de literatura actual es tan abrumadora? La respuesta es compleja y profundamente personal, pero el viaje hacia su descubrimiento es, sin duda, uno de los más enriquecedores que un lector puede emprender.

¿Por qué leer clásicos?
Esta aclaración viene a explicar las 5 razones más para leer clásicos que vienen a continuación: 8) Un clásico no necesariamente nos enseña algo que no sabíamos antes.

La lectura de un clásico no es una mera actividad pasiva; es un diálogo con el pasado, una confrontación con ideas que han perdurado y una oportunidad para vernos reflejados en experiencias universales. Para obtener el máximo provecho de esta experiencia, es fundamental establecer desde dónde se los lee, es decir, con qué actitud y con qué contexto. De lo contrario, tanto el libro como el lector podrían perderse en una nube intemporal, sin anclaje en el presente. El verdadero arte de leer clásicos reside en saber alternar su lectura con una sabia dosificación de la lectura de actualidad, permitiendo que ambos géneros se enriquezcan mutuamente y nos ofrezcan una perspectiva más completa del mundo.

Índice de Contenido

El Eterno Llamado de los Clásicos: ¿Por Qué Leerlos?

La pregunta sobre la importancia de leer los clásicos ha sido formulada y respondida de múltiples maneras a lo largo de la historia. Son obras que no solo informan, sino que también forman. Nos ofrecen una comprensión más profunda de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos, al explorar temas universales como el amor, la pérdida, la ambición, la justicia y la condición humana. Nos permiten comprender las raíces de nuestra cultura, los orígenes de muchas de nuestras expresiones y la evolución del pensamiento a lo largo del tiempo. Leer un clásico es como visitar un museo de la mente, donde cada pieza exhibida es una joya de la sabiduría y la creatividad humana.

Además, los clásicos tienen la capacidad de pulir nuestra capacidad de análisis crítico y nuestra empatía. Nos exponen a diferentes estilos narrativos, estructuras lingüísticas y perspectivas culturales, expandiendo nuestros horizontes mentales y emocionales. A menudo, nos desafían a pensar más allá de nuestras propias experiencias y a considerar puntos de vista que quizás nunca habíamos contemplado. Son, en esencia, gimnasios para el cerebro y el alma, fortaleciendo nuestra capacidad de comprender el mundo en toda su complejidad.

Italo Calvino y sus 14 Razones para una Lectura Enriquecedora

Uno de los mayores defensores de la lectura de los clásicos fue el escritor cubano-italiano Italo Calvino, quien en su ensayo de 1986, 'Por qué leer los clásicos', nos legó catorce razones profundas y perspicaces. Calvino, cuya vida estuvo marcada por la literatura y una curiosidad insaciable por la condición humana, combatió el fascismo y exploró diversas vertientes literarias, desde el neorrealismo hasta la fantasía poética. Sus reflexiones sobre los clásicos no son meras observaciones, sino invitaciones a una experiencia lectora más consciente y gratificante.

¿Cómo leer los libros clásicos?
Para poder leer los libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube intemporal. Así pues, el máximo «rendimiento» de la lectura de los clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una sabia dosificación de la lectura de actualidad.

Analicemos punto por punto sus iluminadoras razones:

  1. Los clásicos son los libros de los cuales por lo general se oye decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo…»: Esta es una de las observaciones más agudas de Calvino. Sugiere que la primera lectura de un clásico a menudo ocurre en la juventud, una etapa de impaciencia y falta de experiencia vital. Releerlo en la madurez, sin embargo, es un placer extraordinario, pues la experiencia acumulada permite apreciar muchos más detalles y significados que antes pasaron desapercibidos. La riqueza de un clásico se desvela con cada retorno.
  2. Usamos la palabra «clásicos» para aquellos libros que son atesorados por quienes lo han leído y amado; pero ellos no son menos apreciados por aquellos que tienen la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para disfrutarlos. Aunque la juventud puede ser un momento de lectura infructuosa debido a la falta de experiencia, hay una alegría inmensa en descubrir un clásico por primera vez cuando se tiene la madurez y la disposición adecuadas. Es un tesoro esperando ser desenterrado.
  3. Debe haber, por tanto, un momento en la vida adulta dedicada a revisar los libros más importantes de nuestra juventud. Los grandes clásicos ejercen una influencia tan particular que se niegan a ser erradicados de la mente, camuflándose en los pliegues de la memoria. Releerlos en la madurez es esencial, incluso si los libros parecen inmutables, nosotros sí hemos cambiado, y el reencuentro será una experiencia totalmente nueva, descubriendo cómo esas obras se han integrado en nuestro ser.
  4. Cada relectura de un clásico es tanto un viaje de descubrimiento como la primera lectura del mismo. Lo que se dice en el punto anterior se amplía aquí. Nuestra situación personal, nuestras nuevas experiencias y el modo de vida que llevamos en cada momento transforman nuestra percepción del libro. El clásico, aunque estático en sus páginas, cobra una nueva vida en la mente del lector, adaptándose a su evolución.
  5. Cada lectura de un clásico es de hecho una relectura. Este punto se conecta con el anterior y el 7. Calvino sugiere que, incluso en nuestra primera lectura, un clásico ya viene cargado con el peso de innumerables lecturas previas y la huella que ha dejado en la cultura. No lo leemos en un vacío, sino a través de un prisma cultural ya formado.
  6. Un clásico es un libro que nunca ha terminado de decir lo que tiene que decir. Esta es la esencia de la atemporalidad de un clásico. Su significado no se agota. Cada época, cada lector, encuentra nuevas interpretaciones, nuevas capas de sentido, nuevas resonancias. Es una fuente inagotable de sabiduría y reflexión que se adapta a los desafíos de cada era.
  7. Los clásicos son los libros que vienen a nosotros teniendo sobre ellos las huellas de las lecturas anteriores a la nuestra, y llevando a su paso las huellas que ellos mismos han dejado en la cultura o culturas que han pasado a través. Calvino subraya que los clásicos no son textos prístinos; son palimpsestos de significado, enriquecidos por las interpretaciones y el impacto cultural que han tenido. Nos advierte, sin embargo, que las escuelas y universidades deberían centrarse en el texto mismo, no en el aparato crítico o las introducciones, que a veces ocultan la verdadera voz del libro.
  8. Un clásico no necesariamente nos enseña algo que no sabíamos antes. A veces, un clásico nos confirma algo que siempre hemos sabido (o creído saber), pero que desconocíamos que ya había sido expresado de manera tan magistral por un autor en particular. Es un reconocimiento, una validación de nuestras propias intuiciones, ancladas en la tradición literaria.
  9. Los clásicos son libros que encontramos más nuevo, fresco, e inesperado tras su lectura, de lo que pensábamos al escuchar hablar de ellos. Esto ocurre cuando se establece una verdadera relación personal con el clásico, una «chispa» entre el lector y la obra. Si la lectura es por deber y no por amor, esta frescura se pierde. Los clásicos deben leerse por la pura alegría del descubrimiento.
  10. Usamos la palabra «clásico» de un libro que toma la forma de un equivalente al universo, a la altura de los antiguos talismanes. Calvino eleva el clásico a la categoría de objeto sagrado, un microcosmos que refleja la totalidad del universo, poseyendo un poder casi mágico para revelar verdades fundamentales y proteger al lector con su sabiduría.
  11. Su escritor clásico por excelencia es aquel con el que usted no puede sentirse indiferente, ya que le ayuda a definirse a sí mismo en relación con él, incluso en conflicto con él. Un verdadero clásico no nos deja impasibles. Nos obliga a tomar una postura, a reflexionar sobre nuestra propia identidad y valores, ya sea en armonía o en desacuerdo con las ideas que presenta. Es un espejo y un desafío.
  12. Un clásico es un libro que se presenta ante otros clásicos; pero cualquiera que haya leído los demás en primer lugar, y luego lee éste, reconoce al instante su lugar en el árbol genealógico. Los clásicos forman una red interconectada, una genealogía literaria. Al leer uno, se revelan sus conexiones con otros, permitiendo al lector trazar la evolución de ideas y estilos a lo largo de la historia de la literatura.
  13. Un clásico es algo que tiende a relegar las preocupaciones del momento a la situación de ruido de fondo, pero al mismo tiempo este ruido de fondo es algo que no podemos prescindir. Los clásicos tienen el poder de elevarnos por encima de la vorágine del presente, ofreciéndonos una perspectiva más amplia. Sin embargo, no son ajenos a la actualidad; de hecho, la comprendemos mejor al verla contrastada con las verdades atemporales que los clásicos revelan.
  14. Un clásico es algo que persiste como ruido de fondo incluso cuando las preocupaciones momentáneas más incompatibles están en control de la situación. A pesar de la avalancha de eventos y distracciones contemporáneas, el eco de los clásicos permanece. Su voz, aunque a veces sutil, nunca se apaga del todo, ofreciendo una constante referencia en medio del caos.

Estrategias para Abordar los Clásicos: Más Allá de la Obligación

La lectura de los clásicos no debe ser una imposición, sino un acto de interés genuino por conocer y comprender. Existe una dicotomía entre quienes creen que los clásicos deben leerse sí o sí, y quienes sostienen que solo deben abordarse si realmente se siente interés. La verdad probablemente reside en un punto intermedio: el interés puede cultivarse, y a menudo, el esfuerzo inicial se ve recompensado con creces. Es cierto que no todas las obras consideradas clásicos literarios son de fácil acceso; algunas pueden resistirse a ser leídas, exigiendo paciencia y dedicación. Sin embargo, muchas otras son sorprendentemente accesibles y pueden enganchar al lector desde las primeras páginas.

Para maximizar el «rendimiento» de la lectura de los clásicos, es crucial alternarla con una sabia dosificación de la lectura de actualidad. Esta estrategia permite que el lector no se sature con un solo tipo de literatura y mantenga un equilibrio entre la profundidad histórica y la relevancia contemporánea. La lectura no es una carrera, sino un viaje, y cada tipo de libro ofrece un paisaje diferente.

Comparativa: Clásicos vs. Literatura Actual

CaracterísticaClásicos LiterariosLiteratura Actual
Propósito PrincipalReflexión profunda, comprensión cultural e histórica, trascendencia.Entretenimiento, análisis de problemáticas contemporáneas, novedades.
RelevanciaAtemporal, universal, conecta con la condición humana a través de las épocas.Inmediata, contextualizada en el presente, refleja tendencias actuales.
Estilo y LenguajePuede requerir mayor concentración, vocabulario y estructuras complejas.Generalmente más accesible, lenguaje contemporáneo, ritmo ágil.
Impacto en el LectorFormación del pensamiento crítico, expansión de horizontes, madurez intelectual.Conexión con la realidad inmediata, disfrute rápido, información sobre el presente.
LegadoHan perdurado a través del tiempo, son referentes culturales, fuente de inspiración.Su impacto se evalúa a largo plazo, pueden convertirse en futuros clásicos.

Como diría Daniel Pennac en sus famosos '10 Derechos del Lector', el lector tiene la última palabra sobre qué leer y cómo hacerlo. La lectura es un acto de libertad. Si bien los clásicos son valiosos, la elección de sumergirse en ellos debe nacer de una curiosidad genuina, no de una obligación impuesta.

Encontrando Tu Clásico Ideal

La buena noticia es que, en la era digital, existen multitud de recursos para facilitar el acercamiento a los clásicos. Desde extensas listas de "las 30 novelas clásicas que deberías leer al menos una vez en la vida" hasta compilaciones de "los 100 mejores libros del mundo y de todos los tiempos", pasando por tests interactivos que te ayudan a elegir un clásico según tus gustos, las excusas para no darles una oportunidad se agotan. Lo importante es encontrar esa obra que hable directamente a tu espíritu, que despierte tu curiosidad y te invite a un viaje de descubrimiento.

¿Cuántas novelas clásicas deberías leer al menos una vez en la vida?
Como esta lista de las 30 novelas clásicas que deberías leer al menos una vez en la vida, esta otra sobre los libros clásicos universales, o esta otra con los 100 mejores libros del mundo y de todos los tiempos. Incluso un test que te ayudan a elegir el clásico a leer según tus gustos.

Recuerda que un clásico literario es, en esencia, una obra considerada valiosa que perdura a través del tiempo, casi un modelo en su género, un libro que permanece en el gusto del público durante años. Su valor no reside en su antigüedad, sino en su capacidad para seguir siendo relevante, provocador y significativo para cada nueva generación de lectores.

Preguntas Frecuentes sobre la Lectura de Clásicos

¿Cuánto tiempo debo dedicar a leer clásicos?

No hay una regla fija. La clave es la consistencia. Dedicar un ratito diario, aunque sean 15 o 30 minutos, es más efectivo que intentar leer durante horas un solo día a la semana. La lectura de clásicos puede ser más lenta debido a su lenguaje o complejidad, así que la paciencia es una virtud.

¿Necesito conocimientos previos para leer un clásico?

No necesariamente, pero tener un contexto histórico o cultural puede enriquecer mucho la experiencia. Sin embargo, muchos clásicos son accesibles por sí mismos. Si encuentras un pasaje difícil, no dudes en buscar información adicional, pero no dejes que eso te impida empezar.

¿Es normal que me cueste engancharme a un clásico?

Sí, es completamente normal. Algunos clásicos tienen un ritmo diferente al que estamos acostumbrados, o un lenguaje que requiere adaptación. Dale una oportunidad, a veces el enganche no es inmediato, sino que se construye a medida que avanzas en la historia y te familiarizas con el estilo del autor.

¿Cómo leer los libros clásicos?
Para poder leer los libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube intemporal. Así pues, el máximo «rendimiento» de la lectura de los clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una sabia dosificación de la lectura de actualidad.

¿Qué hago si un clásico no me gusta?

No te obligues a terminarlo. El objetivo de la lectura es el disfrute y el enriquecimiento. Si un libro no te atrapa después de un esfuerzo razonable, déjalo y prueba con otro. Hay una infinidad de clásicos esperando ser descubiertos, y no todos tienen por qué resonar contigo.

¿Dónde puedo encontrar buenas listas de clásicos para empezar?

Puedes buscar en línea en sitios de reseñas de libros, bibliotecas digitales, o blogs especializados en literatura. Las recomendaciones de libreros o bibliotecarios también son muy valiosas. Empieza por géneros o autores que te interesen, o por clásicos que sepas que han sido adaptados al cine o la televisión, lo cual puede facilitar el primer acercamiento.

En resumen, la lectura de los clásicos es una aventura que vale la pena emprender. Aunque nuestro ritmo de vida actual parezca incompatible con la dedicación que a veces exigen, es más una cuestión de decisión y priorización. Hacer un hueco diario para la lectura de estas obras atemporales es una inversión en nuestro propio crecimiento cultural y personal. Los clásicos no solo persisten como un ruido de fondo en nuestra cultura; son la melodía fundamental que nos recuerda la riqueza y la profundidad de la experiencia humana, esperando ser escuchada una y otra vez.

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