18/05/2023
La enfermedad y la sombra ineludible de la muerte son compañeras constantes en la travesía de la existencia humana. Desde tiempos inmemoriales, estas realidades han desafiado nuestra comprensión, forzado la introspección y, paradójicamente, han sido catalizadores de una profunda creatividad y pensamiento. A lo largo de la historia, artistas, filósofos y escritores han explorado estas facetas de nuestra fragilidad, dejando un legado de obras que nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia mortalidad y la resiliencia del espíritu humano. En este artículo, exploraremos cómo la enfermedad ha impactado a figuras icónicas, impulsado debates filosóficos y revelado la esencia de la condición humana, tal como lo narran diversas fuentes y estudios.

La Sombra de la Muerte en el Lienzo de Picasso
La vida del genio malagueño Pablo Ruiz Picasso estuvo intrínsecamente ligada a la muerte desde su nacimiento, un evento que, según la partera, lo trajo al mundo sin vida, solo para ser reanimado por el humo de un puro. Pero fue un suceso posterior, la trágica pérdida de su hermana menor, Conchita, a los siete años por difteria en 1895, lo que marcó de forma indeleble su alma y su obra. Este episodio, detallado en obras como Picasso: creador y destructor de Arianna Stassinopoulos y Picasso Azul y Blanco de Rubén Ventureira y Elena Pardo, revela cómo la agonía de su hermana transformó la percepción del mundo del joven Pablo.
Los días previos a la muerte de Conchita fueron un tormento. Picasso observaba cómo su pequeña hermana, de rizos rubios y sonrisa tierna, se convertía en una sombra de sí misma. La desesperación de sus padres y la farsa de una Navidad alegre para proteger a la niña de la inminente tragedia, calaron hondo en el futuro maestro. Los investigadores Ventureira y Pardo, en su obra, destacan que este suceso fue crucial, no solo en la vida del pintor sino también en su relación con las mujeres y su profundo "terror a la muerte". Esta influencia se manifestó en la abundancia de figuras femeninas frágiles y moribundas en su producción artística entre 1897 y 1899, y en gestos tan íntimos como visitar a sus hijos dormidos para asegurarse de que respiraban.
Un aspecto sorprendente de este período fue el "pacto con Dios" que Picasso hizo, prometiendo abandonar la pintura si su hermana se curaba. Este momento de desesperación creativa se materializó en un dibujo y en una pintura que, hasta hace poco, se titulaba Bautizo. Sin embargo, los estudios de Ventureira y Pardo han revelado que, debido a una inscripción de fecha y lugar (10/95 y A Coruña), la obra es en realidad un responso por la muerte de Conchita, pintado el mismo día de su fallecimiento. Este cuadro, conservado por el artista hasta su propia muerte en 1973, es un testimonio mudo de su dolor y de la conexión inquebrantable entre su vida y su arte.
Las interpretaciones psicológicas de este trauma son variadas. Algunos estudiosos sugieren que la constante búsqueda de mujeres cada vez más jóvenes por parte de Picasso, a menudo vistas como "casi niñas", podría haber sido una búsqueda inconsciente de la pureza y la cualidad virginal de Conchita, como si intentara encontrar en ellas a su hermana ausente. Otros apuntan a un sentimiento de culpa exacerbado, cuestionando si sus logros creativos no fueron, de alguna manera, a expensas de la vida de su pequeña hermana. La profunda conexión entre su existencia y su obra se resume en su propia afirmación: "Yo pinto igual que otras personas escriben su autobiografía". Incluso el nombre de su hija, Maya, quien en realidad se llamaba María de la Concepción en homenaje a su hermana fallecida, es un eco de esta tragedia, transformado por el ingenio del artista en un símbolo de "la más grande ilusión que hay sobre la tierra", conectando con obras proféticas como Minotauro ciego guiado por una niña pequeña.
Pandemias y la Reflexión sobre la Condición Humana
La experiencia de la enfermedad a escala global, como la reciente pandemia de COVID-19, nos confronta con la fragilidad inherente de la humanidad. El sociólogo y filósofo Armando Bartra, en su libro Exceso de muerte: De la peste de Atenas a la covid-19, subraya la importancia de mirar hacia el pasado para comprender el presente. Bartra critica la tendencia de algunos intelectuales a aplicar "las mismas fórmulas, frases, ideas" a una pregunta diferente, e insiste en que las pandemias "no tienen que ver de manera directa e inmediata con el autoritarismo, el imperialismo, el clasismo, el sexismo o el racismo, sino con las condiciones de la ecología".
El autor nos invita a un diálogo con aquellos "hermanos y hermanas que en el pasado padecieron enfermedades y pandemias como la nuestra", buscando aprender de sus vivencias y reflexiones. Autores como Katherine Anne Porter y Virginia Woolf abordaron la enfermedad como un enfrentamiento individual con la muerte, mientras que Daniel Defoe, en su crónica de la peste de Londres, la retrató como la muerte de una ciudad. Estas perspectivas literarias son fundamentales para entender la "crisis ontológica" que las emergencias sanitarias han provocado, desmitificando la creencia de que somos "inmortales, todopoderosos, que podemos dominar la naturaleza".
Para Bartra, una de las lecciones más importantes de estas experiencias es la necesidad de la solidaridad. "La identidad y la causa que estamos defendiendo y reivindicando ahora es la humanidad entera", afirma. La tarea primordial de cada individuo es "tratar de reducir el dolor, de atenuar el sufrimiento", trascendiendo las afiliaciones nacionales, de género o de clase. Si no aprendemos la importancia de esta solidaridad global, "no aprendimos nada de esto".
El filósofo Mario Bunge, en su obra Filosofía para médicos, aborda la naturaleza misma de la enfermedad, desafiando la noción de que el cuerpo humano está "bien diseñado" o es intrínsecamente sabio. "De hecho todos nos enfermamos de algo alguna vez", sentencia Bunge, argumentando que nuestras enfermedades son el resultado de una compleja interacción entre la evolución biológica y social. Desde las enfermedades crónicas de nuestros ancestros primitivos hasta la propagación de contagios con la urbanización neolítica, la salud humana es un producto dinámico y en constante cambio.

Bunge critica fuertemente las posturas que niegan la realidad objetiva de la enfermedad. Menciona la "teología del dolor" y la idea de Blaise Pascal de que Dios nos enferma para corregirnos, o la tesis de Ness y Williams (1994) de que todas las enfermedades son adaptativas, como la depresión que supuestamente "esquivaría riesgos". Estas ideas son refutadas por la demografía y la epidemiología históricas, que muestran cómo plagas han eliminado etnias enteras, contradiciendo la noción de que "no hay mal que por bien no venga".
El arte de curar, según Bunge, se basa en la capacidad de distinguir lo que se siente o percibe (lo subjetivo) de lo que ocurre realmente (lo objetivo). Esta distinción es fundamental en la medicina, que, a diferencia de algunas corrientes filosóficas, siempre ha sido objetivista. Se opone a las escuelas que sostienen que los trastornos de la salud son "espirituales" o "construcciones sociales", como el chamanismo o el constructivismo-relativismo.
Un ejemplo notorio de constructivismo es la tesis de Bruno Latour (1999) de que los antiguos egipcios no pudieron haber sufrido de tuberculosis porque el bacilo fue descubierto mucho después, lo que Bunge considera una "intromisión de la política en la ciencia". También menciona a Ludwik Fleck (1935), quien afirmó que "la sífilis, como tal, no existe", siendo un "hecho científico" producto de un "colectivo de pensamiento". Bunge refuta estas ideas, señalando que incluso Fleck, cuando se vio en un campo de concentración, aplicó la bacteriología de manera realista para combatir el tifus. La idea de que "no hay realidad objetiva ni, por lo tanto, verdad objetiva" es un sinsentido para el sentido común, que reconoce la existencia de fenómenos biológicos como el nacimiento, la muerte o el cáncer como procesos naturales, no meras construcciones culturales.
El realismo médico que defiende Bunge no implica afirmar la realidad de un "universal enfermedad", sino la existencia de "enfermos" como "entes concretos". Las enfermedades son "clases naturales", definidas por propiedades reales como ser "contagioso", no por atributos imaginarios como "hechizado". Bunge también reconoce la existencia de "enfermedades imaginarias", como las de los hipocondríacos, las que fueron erróneamente clasificadas (como la homosexualidad hasta 1974), o las fabricadas por intereses comerciales, pero esto no invalida la existencia de enfermedades reales y objetivas. La negación de la enfermedad como proceso objetivo socava la salud pública y favorece "la industria del vicio".
De la Enfermera al Paciente: Una Perspectiva Inesperada
La universalidad de la enfermedad se manifiesta en la realidad de que "nadie está exento de tener una enfermedad y pasar de enfermera a enferma". Esta transición, que implica asumir una nueva y vulnerable situación, requiere una profunda aceptación. Para una enfermera, comprender que una ostomía, aunque incómoda, era la "única solución para el grave problema de salud que tenía", y que, por suerte, era temporal, fue clave para enfrentar su propia condición. Este ejemplo subraya cómo incluso aquellos dedicados a la curación pueden encontrarse en el lado opuesto de la balanza, experimentando la misma fragilidad que sus pacientes.
Asimismo, la lucha por acceder a la curación resalta la complejidad de la salud en la sociedad. El dilema de Heinz, quien no logra conseguir el dinero para la medicina que salvaría a su esposa, a pesar de sus súplicas al farmacéutico, ilustra las barreras económicas que a menudo se interponen entre la enfermedad y la cura. Este escenario plantea preguntas éticas fundamentales sobre el valor de la vida, el costo de la innovación médica y la responsabilidad social.
Preguntas Frecuentes sobre la Enfermedad y la Condición Humana
- ¿Cómo influyó la enfermedad en la vida y obra de Pablo Picasso?
- La muerte de su hermana Conchita a los 7 años por difteria marcó profundamente a Picasso. Este evento lo llevó a hacer un "pacto con Dios" para dejar la pintura si ella se curaba y se reflejó en su arte a través de figuras frágiles y moribundas, así como en obras específicas como el responso por Conchita. También influyó en su relación con las mujeres y su miedo a la muerte.
- ¿Qué nos enseña la historia sobre las pandemias, según Armando Bartra?
- Armando Bartra, en su libro Exceso de muerte, sostiene que las pandemias nos confrontan con nuestra fragilidad ecológica, no solo con problemas políticos o sociales. Nos invitan a dialogar con las experiencias pasadas de la humanidad para comprender mejor la nuestra y fomentan la solidaridad global como una necesidad humana fundamental.
- ¿Son las enfermedades una construcción social o una realidad objetiva?
- Según Mario Bunge, las enfermedades son procesos naturales y realidades objetivas, aunque su reconocimiento como problemas médicos pueda depender de juicios de valor y conocimientos. Bunge refuta las teorías constructivistas que niegan la realidad objetiva de las enfermedades, argumentando que tal postura socava la salud pública.
- ¿Por qué es importante la solidaridad ante la enfermedad?
- Para Armando Bartra, la solidaridad es una lección crucial de las pandemias. La necesidad de reducir el dolor y atenuar el sufrimiento de los seres humanos debe ser un objetivo primordial, trascendiendo divisiones de nacionalidad, género o clase. La causa de la humanidad entera se convierte en la identidad a reivindicar.
- ¿Todos nos enfermamos?
- Sí, Mario Bunge afirma que "todos nos enfermamos de algo alguna vez". Nuestro sistema inmune es producto de evoluciones biológicas y sociales, y la enfermedad es una parte inherente de la condición humana, no una señal de "mal diseño" o una construcción puramente mental o social. Incluso aquellos dedicados a la medicina pueden experimentar la enfermedad.
La enfermedad y la muerte, aunque a menudo temidas, son, en última instancia, maestras silenciosas que nos revelan la esencia de nuestra existencia. Nos recuerdan nuestra interconexión, la importancia de la solidaridad y la persistencia de la creatividad humana frente a la adversidad. Ya sea a través de los trazos de un genio, las crónicas de una pandemia o las profundas reflexiones filosóficas, la confrontación con nuestra fragilidad nos impulsa a buscar comprensión, a sanar y a encontrar significado en cada aliento. Las páginas de los libros, en este sentido, se convierten en espejos donde estas eternas verdades se reflejan, ofreciéndonos consuelo, conocimiento y la inquebrantable esperanza en la capacidad humana de trascender el dolor.
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