01/04/2022
Cuando Benito Pérez Galdós, el insigne novelista canario, llegó a Madrid en 1863, la ciudad se abría ante él como un vasto libro de historias y personajes. Con apenas veinte años, el joven estudiante comenzó a desentrañar la idiosincrasia de la Villa y Corte, convirtiéndose en un observador privilegiado de su bullicio, sus costumbres y sus transformaciones. En sus constantes paseos por las calles madrileñas, Galdós no solo absorbía el espíritu de una época marcada por la decadencia de la monarquía de Isabel II y los albores de un nuevo sistema político, sino que también cultivaba su incipiente vocación literaria, buscando inspiración en cada rincón y cada encuentro. Entre los muchos lugares que capturaron su atención, hubo uno especialmente significativo para su formación intelectual: una librería que, aunque hoy desaparecida, fue un faro de conocimiento en el corazón de la capital.

Aquel Madrid decimonónico era un crisol de actividad, donde la cultura y el saber se encontraban en cafés, teatros y, por supuesto, librerías. Galdós, ya casi integrado en la metrópoli, se dedicaba a "gandulear por calles, plazas y callejuelas gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital", como él mismo relataría en sus Memorias de un desmemoriado. Su primera morada se encontraba estratégicamente cerca de la Puerta del Sol, la Plaza Mayor y el Teatro Real, epicentros de la vida madrileña. Desde allí, sus pasos le llevarían a explorar un sinfín de establecimientos, entre ellos, la afamada librería que nos ocupa.
Tras las Huellas de la Librería Perdida: La Publicidad en el Pasaje de Matheu
La librería a la que probablemente se acercó Galdós en sus afanes de lectura, en aquel Madrid de 1863, era conocida como La Publicidad. Esta librería clásica, propiedad de Justo Serrano, no era un establecimiento cualquiera; era un punto de encuentro para la vida intelectual y periodística de la época. Allí, el joven escritor podía nutrirse de una vasta selección de libros, desde volúmenes de jurisprudencia y otras materias académicas hasta obras de literatura general, esenciales para su formación. Además, en La Publicidad se gestionaban las suscripciones a publicaciones tan relevantes como el mítico periódico dominical de literatura y arte "El Padre Cobos", lo que la convertía en un nodo vital para la difusión del pensamiento y la cultura.
Pero, ¿dónde se encontraba exactamente este templo del saber en el Madrid de Galdós? La librería La Publicidad se hallaba ubicada en el Pasaje de Matheu. Este pasaje, situado estratégicamente entre las calles de Espoz y Mina y de la Victoria, era en su tiempo una galería comercial afrancesada que, paradójicamente, ya se encontraba en un estado de decadencia. La fascinación por los pasajes cubiertos, importada de París y Londres, había llegado a Madrid, y el Pasaje de Matheu, conocido en su apogeo como "Villa de Madrid", fue uno de sus máximos exponentes.
El Esplendor y Decadencia del Pasaje de Matheu: La 'Villa de Madrid'
El Pasaje de Matheu, bautizado en su origen como "Galería cubierta y Bazar de la Villa de Madrid", fue una obra arquitectónica notable para su época. Construido entre 1843 y 1847 por el arquitecto Antonio Herrera de la Calle, por encargo del comerciante Manuel Matheu Rodríguez, este espacio estaba diseñado para ser un rival de los magníficos pasajes europeos. El Semanario pintoresco español, en su edición del 14 de marzo de 1847, lo describía con entusiasmo, alabando su lujo, calidad y amplitud, y afirmando que no tenía rival en la corte y "nada que despreciar con los magníficos pasajes de París y Londres".
La descripción de sus instalaciones en aquel semanario nos permite imaginar su grandiosidad:
- Entrada: Un "sencillo arco de medio punto con dos nichos a los lados", coronado por una "cornisa de buenas proporciones" y un grupo escultórico. Las puertas y rejas, trabajadas con "extremada delicadeza y buen gusto".
- Vestíbulo: De "mediana extensión", embaldosado con mármol y decorado con "pilastras corintias con pedestal", fajas de "delicados bajos relieves" y un "hermoso rosetón" en el techo.
- Galería Principal: Una "calle de treinta pies próximamente de ancho, cubierta con una bóveda rebajada, de cristales". Contaba con "piso bajo y entresuelo, con balcones este último al pasaje". En los extremos, "espaciosas tribunas" conectaban los entresuelos.
- Comercios: En el piso bajo, un "solo mostrador que alcanza de un extremo a otro", interrumpido por escaleras a los entresuelos. Se percibían "lujosos almacenes" a través de "grandes ventanas laterales, cubiertas con inmensos cristales".
Sin duda, un espacio suntuoso que debió maravillar a los madrileños de mediados del siglo XIX. Sin embargo, su esplendor fue efímero. La suntuosa techumbre de cristal se fue deteriorando progresivamente. Las filtraciones y la falta de reposición de los cristales rotos deslucieron el magnífico aspecto inicial. Esta falta de mantenimiento se debió, en gran parte, a la liquidación de la sociedad "Villa de Madrid" en 1854. Para cuando el joven Galdós pisó sus adoquines en 1863, el pasaje ya presentaba un aspecto "cochambroso". De hecho, una noticia del diario La Época de noviembre de 1862 anunciaba el inicio de los trabajos de destechado y la instalación de una reja para cerrarlo por las noches. Don Ángel Fernández de los Ríos, en su Guía de Madrid de 1876, lo recordaba como un pasaje "ya derribado", que "sobre no servir de paso, han quedado expuestos a la intemperie". Así, el Pasaje de Matheu, y con él la librería La Publicidad, se convirtió en un testimonio de la efímera gloria y el inevitable cambio urbano.
Un Viaje Literario a Través de las Publicaciones de 1863
El año 1863, además de ser testigo de la decadencia del Pasaje de Matheu, fue un periodo vibrante para la vida literaria y editorial en Madrid. La Publicidad era solo una pieza en un engranaje mucho mayor que distribuía el saber y el entretenimiento. La publicación de obras por entregas o fascículos era una práctica común, democratizando el acceso a la literatura y permitiendo que obras extensas llegaran a un público más amplio.
Grandes Obras en Fascículos
Uno de los eventos literarios más destacados de 1863 fue la publicación de la monumental obra de Víctor Hugo, Los Miserables. El Museo Universal, a través de su editorial, comenzó a publicar esta obra en fascículos, incluyendo "preciosas láminas con grabados encargados a artistas parisinos". Se trataba de la versión española, a cargo de D. Nemesio Fernández Cuesta, y la primera edición ilustrada para España y las provincias de ultramar. A diferencia de las ediciones extranjeras de diez tomos, la de El Museo Universal se comprimía en cinco únicos tomos, distribuidos en entregas semanales de dos pliegos de ocho páginas, a un módico precio de "diez cuartos".
Otra imprenta destacada en la publicación de libros ilustrados y baratos era Gaspar y Roig, con su casa editorial en la calle del Príncipe, número 4, y despacho en la calle de la Cabeza, número 32. Esta empresa, muy conocida por los estudiosos del Madrid de antaño, editó obras cruciales como las Escenas matritenses de Mesonero Romanos (1851) y una edición de lujo de Nuestra Señora de París (1846), también de Víctor Hugo. Lamentablemente, en 1863 falleció uno de sus responsables, José Roig y Oliveras.
El año también culminó con otra importante edición por entregas: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Anunciada por El Museo Universal a finales de diciembre, esta edición completa constaba de 25 entregas por 25 reales, ilustrada con 300 grabados y un retrato en acero de Cervantes. Lo más notable era la inclusión de "notas históricas, críticas y gramaticales de la RAE" firmadas por eminentes figuras como Pellicer, Arrieta, Clemencín, Hartzenbusch, Cuesta y Janer, además de "El Buscapié" de Adolfo de Castro.
Tabla Comparativa de Publicaciones por Entregas (1863)
| Obra | Autor | Editorial / Distribuidor | Formato | Ilustraciones | Precio / Entrega |
|---|---|---|---|---|---|
| Los Miserables | Víctor Hugo | El Museo Universal | Fascículos (5 tomos) | Sí (grabados parisinos) | 10 cuartos |
| El Quijote | Miguel de Cervantes | El Museo Universal | Entregas (25 entregas) | Sí (300 grabados, retrato) | 1 real |
Estas publicaciones demuestran el dinamismo del mercado editorial madrileño y cómo se adaptaba para hacer accesible la gran literatura a un público creciente, un contexto en el que librerías como La Publicidad jugaban un papel fundamental.
El Ateneo de Madrid: Faro de la Cultura Galdosiana
Más allá de las librerías, el joven Galdós frecuentaba otro pilar de la cultura madrileña: el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Esta institución, refundada en 1835 con el apoyo de la reina María Cristina de Borbón, fue un epicentro del pensamiento y el debate, un lugar donde se forjaban las ideas que "han informado los legítimos progresos de la vida intelectual de la Nación española en el presente siglo".
El Ateneo tuvo varios emplazamientos a lo largo de su historia. En 1835 se reinstaló provisionalmente en la Casa de Abrantes, luego pasó por el Convento de Santo Tomás, la calle del Prado, Carretas y la plazuela del Ángel. Sin embargo, cuando Galdós llegó a Madrid en 1863, el Ateneo se encontraba instalado en la calle de la Montera, número 22 (antiguo 32), en un edificio que había sido el Banco de San Carlos y, posteriormente, el Español de San Fernando. Aunque hoy nada queda de aquella casa, su recuerdo perdura en la edificación colindante, donde se ubica el hotel "Ateneo".
Pedro Felipe Monlau, en su Madrid en la Mano o el Amigo del Forastero (1850), nos da una idea de la riqueza del Ateneo de la Montera: "Consta de unos 700 socios; y para adquirir este título se pagan 320 rs. de entrada y una cuota mensual de 20. Tiene el Ateneo un gabinete de lectura surtidísimo, una biblioteca de más de 10,000 volúmenes, una excelente colección de minerales, un gabinete de física y un escogido monetario. Sostiene además varias cátedras gratuitas muy concurridas, y desempeñadas por eminentes profesores que prestan gratuitamente tan apreciable servicio."
La revista "La Ilustración de Madrid" de 1871 ofrece una vívida descripción del interior del Ateneo de la Montera, incluyendo el famoso "salón de los viejos" o "Areópago", donde se reunían los intelectuales de la época. Ahriman, el cronista, señalaba las penurias económicas de la institución, que había tenido que cambiar la iluminación de gas por la de petróleo, y las curiosas medidas de seguridad para los libros y periódicos, que se guardaban bajo llave y candados, dada la tendencia "comunista" de los socios con la propiedad ajena. A pesar de las normas que prohibían fumar o tener más de dos periódicos a la vez, Ahriman observaba con humor cómo los socios las ignoraban sistemáticamente. Este ambiente de libertad intelectual y, a veces, de cierta anarquía, era el caldo de cultivo perfecto para la mente observadora de Galdós.
La relación de Galdós con el Ateneo fue profunda y duradera. No solo fue un asiduo de sus salas, sino que años más tarde, en 1915, pronunciaría allí su célebre discurso "MADRID", un homenaje a la ciudad que tanto influyó en su obra. El Ateneo actual, ubicado en la calle del Prado, número 21, fue inaugurado en 1884, consolidando su legado como uno de los centros culturales más importantes de España.
Madrid, Musa Eterna de Galdós
La conexión de Galdós con Madrid trascendió la mera residencia; la ciudad se convirtió en su musa, en el escenario principal de muchas de sus novelas y en la fuente inagotable de sus personajes. Como bien señaló Leopoldo Alas "Clarín" en 1912, "La patria de este artista es Madrid; lo es por adopción, por tendencia de su carácter estético, y hasta me parece... por agradecimiento." Galdós fue el primer novelista español moderno en extraer de la capital un "venero de observación y de materia romancesca" al más puro estilo realista.
Sus "flaneos" por las calles madrileñas, desde la bulliciosa calle de la Montera hasta la singular calle de Toledo, que él mismo describió con su "gracia de los colorines que tremolan en ella de punta a punta" y la "algarabía de los pregoneros", fueron fundamentales para su proceso creativo. En sus artículos costumbristas para La Nación, publicados entre 1865 y 1868, Galdós reflejó su amor por Madrid y su preocupación por su gente, haciendo un diagnóstico del estado anímico de la ciudad y retratando la idiosincrasia madrileña con maestría. La ciudad, con sus luces y sus sombras, con sus cambios y sus persistencias, fue el lienzo sobre el que Galdós pintó algunas de las obras más importantes de la literatura española.
Preguntas Frecuentes
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la librería y el Madrid de Galdós:
¿Existe hoy en día la librería La Publicidad?
No, la librería La Publicidad, tal como la conoció Galdós, ya no existe. Era parte del Pasaje de Matheu, una galería comercial que fue desmontada y desapareció como tal a mediados del siglo XIX.
¿Qué era el Pasaje de Matheu y dónde se encontraba?
El Pasaje de Matheu fue una galería comercial cubierta, también conocida como "Galería cubierta y Bazar de la Villa de Madrid", construida entre 1843 y 1847. Estaba situado en Madrid, entre las calles de Espoz y Mina y de la Victoria. Aunque el pasaje como galería cubierta ya no existe, la travesía o callejuela que formaba parte de él aún se conoce como Pasaje de Matheu, aunque sin la suntuosa cubierta de antaño.
¿Por qué se le conocía como "Villa de Madrid" a esta librería o pasaje?
El nombre "Villa de Madrid" se asociaba al Pasaje de Matheu porque era el nombre original de la galería comercial afrancesada que albergaba diversos negocios, incluyendo la librería La Publicidad. Era una forma de evocar el esplendor y la modernidad de la capital en un espacio comercial novedoso para la época.
¿Qué importancia tuvo Benito Pérez Galdós para la literatura madrileña?
Benito Pérez Galdós es considerado uno de los novelistas más importantes del realismo español y el gran cronista de Madrid en el siglo XIX. A través de sus obras, especialmente los Episodios Nacionales y sus novelas de la serie "contemporánea", retrató la vida, las costumbres, las clases sociales y los acontecimientos históricos de la capital, convirtiéndola en un personaje más de sus historias y dejando un testimonio invaluable de la época.
¿Qué otros lugares frecuentaba Galdós en Madrid?
Además de la librería La Publicidad y el Pasaje de Matheu, Galdós era un asiduo del Ateneo de Madrid (situado en la calle de la Montera en su época), de los cafés de la Puerta del Sol (donde se empapaba de tertulias políticas y literarias) y de los teatros madrileños (como el Teatro Real o el Teatro de la Zarzuela), buscando entretenimiento y alimentando su melomanía.
El Madrid del siglo XIX, con sus librerías efímeras y sus instituciones perdurables, fue el crisol donde se forjó la mirada inconfundible de Benito Pérez Galdós. Aunque la librería La Publicidad y el Pasaje de Matheu en su esplendor son hoy solo un eco en la memoria histórica, su existencia nos recuerda la riqueza cultural de una época y la capacidad de un joven escritor para transformar su entorno en el vasto universo de su obra. Galdós no solo habitó Madrid; la hizo suya, la entendió, la amó y la inmortalizó en sus páginas, permitiéndonos a las generaciones futuras pasear por sus calles, entrar en sus salones y sentir el pulso de una ciudad que, gracias a él, sigue viva en el imaginario colectivo.
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