16/03/2022
En el panorama filosófico contemporáneo, Byung-Chul Han, uno de los pensadores más influyentes de nuestra era, señala una profunda confusión en torno al concepto de poder. Para él, la teoría actual adolece de un verdadero caos, lo que impide una comprensión clara de las múltiples formas en que el poder se manifiesta en nuestra sociedad. Su obra se propone desentrañar una forma fundamental de poder que unifique estas manifestaciones aparentemente dispares, llevándonos a cuestionar nuestras propias nociones preconcebidas sobre cómo opera la influencia y el control.

Poder, Libertad y Violencia: Una Trama Compleja
Han inicia su análisis contrastando las dos interpretaciones predominantes del poder: el poder coactivo y el "poder libre". El primero, el poder coactivo, se presenta como la forma más débil e inestable de ejercicio. Su característica principal es la baja "intermediación" con el otro, es decir, se mantiene al individuo forzado a actuar en contra de su deseo, dejando siempre abierta la puerta a la desobediencia o, incluso, a la rebelión. Es una imposición que genera antagonismo entre el yo y el otro, donde el yo no es verdaderamente recibido en la subjetividad del dominado.
En contraposición, el poder ejercido desde la libertad, que Han denomina "poder libre", es la forma más fuerte y estable. Aquí, la intermediación es alta; el poder ingresa y conquista la subjetividad del otro de manera casi imperceptible. El individuo obedece gustosamente, pues percibe la voluntad del poder como si fuera la suya propia, un fenómeno que trasciende la simple coerción. Como señala Han, “más intermediación contiene aquel otro poder que no opera contra el proyecto de acción del otro, sino desde él.”
Es crucial entender que, en ambos casos, el poder se enfrenta a la infinita gama de posibilidades que surgen del actuar libre del otro. La esencia del poder radica en su capacidad para transformar estas múltiples posibilidades en el curso determinado que desea. En este sentido, el poder siempre presupone la libertad. Han, citando a Foucault, subraya que «Si en todo campo social hay relaciones de poder, eso se debe a que en todas partes hay libertad». Esta intrínseca vinculación es lo que permite diferenciar el poder de la violencia.
La violencia, en su forma más extrema, anula la libertad por completo, reduciendo la intermediación a cero. No deja espacio para la obediencia o la resistencia, sino que desplaza al otro a una pasividad y falta de libertad extremas. La violencia y la libertad, para Han, son los dos polos de una misma escala del poder. Una intermediación nula convierte el poder en violencia pura, mientras que una intermediación máxima lleva a la identificación entre poder y libertad, haciendo que el poder sea extremadamente estable.
Tabla Comparativa: Poder Coactivo vs. Poder Libre
Para ilustrar mejor estas distinciones, presentamos una tabla comparativa:
| Característica | Poder Coactivo | Poder Libre |
|---|---|---|
| Intermediación con el otro | Baja o nula | Alta o máxima |
| Estabilidad | Débil e inestable | Fuerte y estable |
| Voluntad del otro | Impuesta en contra de ella | Asimilada como propia |
| Reacción del otro | Resistencia latente o abierta | Obediencia gustosa, afirmación |
| Nivel de libertad | Restringida al máximo | Presupuesta y utilizada |
El Rasgo Esencial del Poder: La Continuidad del Ser en el Otro
Para Byung-Chul Han, el aspecto más decisivo y fundamental del poder es su capacidad de "ir más allá de sí". Sin embargo, esta expansión no implica una pérdida o abandono del sujeto del poder. Al contrario, “ir más allá de sí —y este es el modo en que marcha del poder— es al mismo tiempo ir consigo.” Esta idea, que Han reitera, se resume en que el “regresar a sí en lo distinto es el rasgo fundamental del poder”.

El poder permite que el yo se recupere a sí mismo en el otro, que crezca y se continúe más allá de sus límites iniciales para expandirse y, desde esa expansión, retornar a su punto de origen. Esta "continuidad de sí mismo" es la clave para comprender todas las manifestaciones del poder como grados distintos de estabilidad de un único fenómeno. Las formas de poder, ya sean coercitivas o libres, no son fundamentalmente distintas; solo varían en su grado de intermediación. Todas buscan establecer una continuidad y presuponen un sí mismo.
Un poder superior, como se explora en el contexto de las dinámicas complejas, es aquel que no bloquea, sino que configura el futuro del otro. No actúa contra una acción específica, sino que influye en el entorno o en los preliminares de la acción del otro, de modo que este se decide voluntariamente, incluso sin sanciones negativas, a favor de la voluntad del yo. Es un poder que toma asiento en el alma del otro, operando con un "sigilo" que lo hace más efectivo. Cuando el poder debe enfatizarse explícitamente, ya está debilitado. Es un signo de poder superior cuando el súbdito "quiere" expresamente, por sí mismo, lo que quiere el soberano, o incluso lo "anticipa".
Este concepto de poder como un "fenómeno de la forma" es vital. Lo decisivo es "cómo se motiva" una acción. La frase que denota un poder superior no es "de todos modos tengo que hacerlo", sino "quiero". La respuesta a un poder superior es la afirmación enfática, no la negación interior. El poder no es un empujón mecánico, sino un campo en el que el cuerpo se mueve con libertad. Así, el poder del yo alcanza su nivel máximo precisamente cuando el otro se amolda voluntariamente a su voluntad, sin agobio. Quien busca el poder absoluto no recurre a la violencia, sino a la libertad del otro, logrando que libertad y sometimiento coincidan por completo.
El Poder como Catalizador y Medio de Comunicación
La complejidad del poder va más allá de una simple relación causal. No es una mera transmisión de energía cinética. El poder, como medio de comunicación, asegura que esta fluya sin interrupción en una dirección determinada. Se trata de una "oportunidad" de incrementar la probabilidad de que se produzcan contextos de selección que, por sí mismos, serían improbables. El poder guía la comunicación, suprimiendo la discrepancia potencial entre el soberano y el súbdito en la elección de acciones. Transfiere selecciones de acciones de un punto de decisión a otros para restringir la indefinida complejidad de las posibilidades humanas.
Lejos de basarse en la represión, el poder opera de forma constructiva. Se le puede ver como un "catalizador" que acelera el inicio de acontecimientos o influye en el curso de procesos sin alterarse a sí mismo, generando una "ganancia de tiempo". Esta productividad del poder se extiende a una amplia "zona intermedia entre el júbilo y la coerción". La percepción negativa del poder surge de una "percepción selectiva" que solo se fija en la coerción, donde la intermediación es escasa. Allí donde el poder no se presenta como coerción, se disuelve en el consentimiento y apenas se percibe como tal.

Incluso en las constelaciones políticas, el poder no es una simple aritmética. Un adversario débil puede causar daños significativos a una supremacía, adquiriendo gran importancia y poder. Las interdependencias complejas aseguran que el poder sea recíproco. Si el yo requiere la colaboración del otro, surge una dependencia que el otro puede usar como fuente de poder. Incluso los muy débiles pueden transformar su impotencia en poder si manejan con destreza las normas culturales. La idea de que el poder excluye la libertad es errónea; de hecho, la libertad distingue el poder de la violencia. La obediencia misma presupone libertad, ya que sigue siendo una elección.
La Amabilidad como Contrapunto y Transformación
Ante esta lógica del poder, que se recupera a sí mismo en el otro, surge la pregunta: ¿existe una alternativa o una salida a esta autorreferencia o "ipsocentrismo" del poder? Han responde afirmativamente, proponiendo la amabilidad como una posibilidad transformadora. El rasgo esencial de la amabilidad es que no necesita el retorno a sí mismo desde lo otro. Es un movimiento radicalmente distinto al del poder.
La etización del poder, según Han, exige que este trascienda su tendencia ipsocéntrica. Debe brindar espacio no solo a lo uno, sino también a lo múltiple y a lo marginal; debe conceder estancias y dejarse conmover por una amabilidad original que detenga la voluntad de sí mismo. Al poder, en su esencia, le falta la apertura hacia la alteridad. La amabilidad, por el contrario, representa un darse al otro sin esperar ningún tipo de retorno a sí mismo. Es un desprendimiento que se obsequia en una "amabilidad ilimitada", posibilitando una relación con la alteridad que el poder, por sí solo, es incapaz de lograr.
Han recurre incluso a la figura de Nietzsche, el filósofo de la "voluntad de poder", para aproximarse a esta idea de amabilidad. Cita un fragmento de una carta de Nietzsche a Erwin Rhode que ilustra esta noción de desprendimiento y generosidad sin expectativa: «La fruta cae del árbol sin necesidad de un golpe de viento. [...] Con toda calma cae y fecunda. Nada ansía para sí y lo da todo de sí.» Esta imagen captura la esencia de la amabilidad como un acto de entrega pura que contrasta con la lógica autorreferencial del poder.
Preguntas Frecuentes sobre el Poder según Byung-Chul Han
- ¿Qué es lo más importante para entender el poder según Han?
- Lo más importante es entender que el poder no es solo coerción, sino que busca la "continuidad de sí mismo en lo otro". Se expande al lograr que la voluntad del otro se alinee con la propia, con diversos grados de intermediación.
- ¿Cómo se relaciona el poder con la libertad?
- Para Han, el poder siempre presupone la libertad. Si no hubiera libertad (la posibilidad de actuar de otra manera), no habría necesidad de poder. La violencia, en cambio, es la negación extrema de la libertad.
- ¿Cuál es la diferencia entre "poder coactivo" y "poder libre"?
- El poder coactivo es débil, con baja intermediación, e impone la voluntad contra el deseo del otro. El poder libre es fuerte, con alta intermediación, y logra que el otro asimile la voluntad del poder como si fuera la suya propia, actuando libremente.
- ¿Qué papel juega la "amabilidad" en la filosofía del poder de Han?
- La amabilidad es la contraparte y la salida al ipsocentrismo del poder. A diferencia del poder, la amabilidad no busca el retorno a sí misma desde el otro; es un acto de entrega y apertura a la alteridad sin expectativas de reciprocidad o autoafirmación.
- ¿Por qué el poder se considera un "fenómeno de la forma"?
- El poder es un "fenómeno de la forma" porque lo crucial no es solo qué se hace, sino cómo se motiva una acción. Un poder superior logra que la acción del otro se alinee con la propia voluntad, no por coerción, sino por una motivación interna o asimilación de la voluntad del soberano.
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